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La mujer loca. Juan José Millás

Una joven que se siente amenazada por la lengua, ya que las palabras se le meten en la cabeza para pedirle favores más o menos extravagantes; una mujer que da cobijo en su casa a esta chica y que siendo víctima de una enfermedad terminal, espera tener una muerte digna; y por último, está el propio Millás, o mejor dicho, Millás y su doble, ya que son dos los que transitan por esta historia, donde tal y como nos contó el tercer Millás, el autor del libro, esta es una novela muy trabajada donde el recurso de utilizarse a sí mismo fue imprescindible para poder sacar este proyecto literario adelante.

Diario de un jubilado. Miguel Delibes.

Cada vez que El Abu y El Ayo se sientan a compartir una Menta-Poleo lo primero que hacen es colocar encima de la mesa sus respectivos móviles. En ellos guardan en formato fotográfico y en video sus más preciados tesoros.
A renglón seguido la conversación discurre entre el número de croquetas que son capaces de comer, la capacidad para discernir quién es la autora del potaje, cómo el otro día le tenían miedo al agua y ahora son capaces de nadar veinticinco metros, la facilidad con que te saltan del español al inglés, o bien, lo sibaritas que se vuelven que son capaces de distinguir entre el Apiretal de marca y el genérico. Llegados a este punto son capaces de escenificar cuándo les duele el oído, la garganta o la tripita, y también a ellos se les nota la misma cara de pucherito falta de unos mimitos.
A ambos, a El Abu y a El Ayo, quise regalarle el mismo día del Menta-Poleo un libro. Llegó primero El Perfeccionista en la cocina que ya entregué a El Ayo quien satisfecho habla del gusto con que comen sus preparaciones culinarias y también de cómo está disfrutando de su lectura. El martes llegó este Jubilado de Delibes, que espero también disfrute El Abu, con sus términos castizos que le traerán recuerdos de su niñez miróbriga. Lleno de anécdotas divertidas y a modo de diario el lector se deja llevar por las peripecias del personaje que sin darse cuenta acaba metido en algo más serio.
Mi condición de jubilado temporal (vacaciones) ha facilitado que en su lectura haya empleado algo más de tiempo que el que tarda El Abu en esbozar una sonrisa de satisfacción cuando, a renglón seguido, queriendo mostrar alguna de sus últimas peripecias, enciende su teléfono móvil y en pantalla aparece su hija con sus dos nietas. Esta misma condición facilita (al menos momentáneamente) por suerte o por desgracia, vaya usted a saber, el permitirme el lujo de hacer propia las frases de El Abu y El Ayo cuando me aconsejan: «Tú no seas bobito, tú no dejes de trabajar, que ya nosotros trabajamos lo nuestro, tú sigue ahí cotizando, que no sabes tú bien lo bueno que es para nosotros que tú cotices».

Lavadora de textos. Ramón Alemán.

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Primero fue el blog y luego el libro. Cansados los textos propuestos por Ramón Alemán de comprobar su descenso pantalla abajo optaron por el motín y decidieron asociarse en papel. Surge así este libro, de igual título que el blog, donde el autor, corrector de textos, recoge las dudas más comunes sobre el uso de la gramática. No solo las lava sino que las centrifuga hasta sacarle el jugo al uso de unas comillas, una “h”, un “guion” sin tilde o con ella.
            Pero mucho antes que el blog y que el libro fue Ramón. Y Ramón se hizo luz a base de consultar a la RAE, a la Fundéu, a Carreter, Sousa, Seco, Moliner y muchos otros. Y con esa luz ilumina los entresijos de la gramática con la que intentamos hacernos entender, lo cual no es nada fácil, sobre todo si quien decida hacerlo no pone tanto cariño y una buena dosis de humor como lo hace él.

Hacerse el muerto. Andrés Neuman.

Es posible que empezara a leer este libro medio muerto. Los relatos de inicio fueron modelando mi cuerpo en el sillón en un escorzo similar al que adopta el sujeto de la portada. Me apeteció coger algunos párrafos a puñado, triturarlos un poco, y lanzarle las frases y las palabras desmigajadas a las palomas que merodean por los escalones. Las recomendaciones ecológicas  sobre este particular y la sutil diferencia entre palomas silvestres y asilvestradas no lo impidieron.
            “Hacerse el muerto” es un conjunto de relatos que llevan el mismo nombre con el que se inicia la lectura. En mi caso seguí en ese estado al pasar por otros dos grupos bajo los títulos de “Una silla para alguien” y “Sinopsis del hogar”. Fui cogiendo algo de tono con “Bésame, Platón” lo cual me hizo erguir la espalda y sospechar de la miradas colombófilas cuando me pedían su ración y no vieron con buenos ojos el que les tirara palabras como “aporías” y “yectos”. Acabé sentado en los escalones con ánimo estudioso al seguir con “Monólogos y monstruos” y “Breve alegato contra el naturalismo”. Con la lectura final de “Apéndice para curiosos” las palomas por mucho que revolotearon, se dieron por vencidas si esperaban alguno de los millos que como perlas suponen los decálogos de Neuman. Nada más empezar a leer en voz alta el que dice: «Mucho más urgente que noquear al lector es despertarlo», comprendieron que una cosa es hacerse el muerto y otra bien distinta estar vivito y coleando.

CIXÍ, LA EMPERATRIZ.Jung Chang.

A los dieciséis años, Cixí  (también se escribe Tzu Hsi)  fue elegida  concubina del emperador. Su astucia le permitió  convertirse, en segunda consorte. Cuando el emperador murió y le sucedió el hijo de ambos, tomó el mando de China.
La emperatriz viuda, una de las grandes mujeres gobernantes de la historia, valiente e inteligente, que con su impulso e incansable iniciativa, transformó un imperio medieval en un Estado moderno; fue capaz de abolir castigos tan horribles como la «muerte por mil cortes», puso fin al tradicional vendado de pies y dio los primeros pasos hacia la liberación de la mujer. La más fundamental de todas sus reformas fue convertir China en una monarquía  constitucional.
Apoyándose en documentos históricos hasta hoy desconocidos, JUNG CHANG,  da cuenta  del astuto y valiente manejo de la política por parte de Cixí;  también  describe sin escatimar detalles un mundo, mezcla de tradición y modernidad, que hoy resulta  inimaginable.
JUNG CHANG repasa la historia del imperio chino a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, desde el emperador Xianfeng, hasta la muerte de la emperatriz Cixi ocurrida en 1908; un período  inestable para China, que vivirá las revueltas campesinas de los Taiping, los enfrentamientos con las potencias extranjeras y la Segunda Guerra del Opio. China  perderá la guerra contra  Japón (1894-1895), sufrirá el movimiento de los bóxers (sociedad secreta cuyo objetivo era expulsar a los extranjeros de China) y padecerá la dolorosa  rendición de una nueva guerra contra las ocho potencias extranjeras (Rusia, Japón, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Austria – Hungría, Estados Unidos e Italia),
Tenía la impresión de que no me agradaría la lectura pero  estaba muy equivocado. El libro lo considero un monumento literario; es extenso(sin que ello sea un demérito), ampliamente documentado y muy didáctico, la prosa es sencilla y amena sin cansarte ni aburrirte en ningún momento  .Me ha gustado que haga referencia a los escritores W.SOMERSET MAUGHAM (escritor británico, nacido en París) y PEARL S.BUCK (escritora americana y Premio Nobel de Literatura), autores por lo demás, viejos conocidos, que volveré a leer (antes de que pierda más la vista) en libros  difundidos por Plaza & Janés, de mi época de las milicias, al módico precio de 50 pts.

El pez volador. Antología de cuentos. Hipólito G. Navarro.

En el volumen “Pequeñas resistencias” Antología del nuevo cuento español, tuve oportunidad de leer: Sucedáneo: El pez volador, y desde entonces quedé intrigado por una forma de contar distinta. Usando una de sus expresiones: contar desde una perspectiva axonométrica, en Hipólito pareciera que planta, alzado y perfil no existen porque en ocasiones salta de un plano al otro a través de ventanas, pasillos y escaleras inconsistentes que resultan al final imprescindibles para entender el edificio. En otras, se apoya en uno solo, en un solo perfil por ejemplo, y desde allí, casi desde la sombra proyectada por el mismo, construye todo su entramado literario. En unos pocos, es el propio artesonado lo digno de interés. Hipólito es ese pez volador que escribe de forma subacuática pero que también salta y sorprende, que brilla, que vuela. Es  una de esas raras avis de la naturaleza. Como muestra, y como lo he encontrado en la red, por lo que entiendo no hace falta tributar derechos de autor, añado uno de sus textos: Meditación del vampiro.
En el campo amanece siempre mucho más temprano.
Eso lo saben bien los mirlos.
Pero tiene que pasar un buen rato desde que surge la primera luz hasta que aparece definitivamente el sol. Manda siempre el astro en avanzadilla una difusa claridad para que vaya explorando el terreno palmo a palmo, para que le informe antes de posibles sobresaltos o altercados. Luego, cuando ya tiene constancia de que todo está en orden, tal como quedó en la tarde previa, se atreve por fin a salir. Su buen trabajo le cuesta después recoger toda la claridad que derramó primero. Por eso se ve obligado a subir tan alto antes de caer, para que le dé tiempo a absorber toda esa luz y no dejar ninguna descarriada cuando se vuelva a hundir por el oeste.
Luego en el campo, paradójicamente, se hace de noche también muy pronto.
Los mirlos apagan sus picos naranjas y se confunden con el paisaje.
Y agradecido yo, me descuelgo y salgo.

Tragedia de la vida vulgar. Cuentos tristes. Wenceslao Fernández Flórez.

Mucho antes de ser acuñado el término “Realidad mágica” para ese tipo de literatura escrita entre lo real y lo fantástico, que tan bien ha sabido combinar autores al otro lado del atlántico, ya Wenceslao había publicado el título, versionado posteriormente con igual reclamo en las carteleras: “El bosque animado”
Parece ser que fue autor alegre, conocido por sus novelas y artículos ricos en humor. Sin embargo, este libro reúne veinte cuentos tristes, que a mi modo de ver no es que de su lectura se desprenda tal cualidad como más relevante, más bien es el carácter de tragedia y sobre todo el que sean de la vida vulgar sus características más definitorias. Porque Wenceslao es capaz de fijarse en ese detalle que acaba generando una tragedia en gente humilde de la ciudad o del campo, como ejemplo este caso del matrimonio de ancianos que son informados de la muerte de una antigua amiga común y ella, al ver la cara del que ha sido su esposo toda la vida, acercándose, le dice: ¡La quieres aún!... ¿Qué fui yo en tú vida?...   

MicroQuijotes. Juan Armando Epple.

Llueven gotas como llueven letras. Días de lluvia, días de lectura.
MicroQuijotes es una recopilación de textos breves en torno a la obra de Cervantes. Es uno más de los exponentes literarios a los que ha dado lugar las andanzas de quien nació en un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme. De sus lecturas se desprende cómo cada autor, ya sea Rubén Darío, Borges, Arreola, Denevi, Pacheco, Monterroso, Lagmanovich y muchos más, es tocado por aquel hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y corredor. De esas fantasías vividas cuando frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años, siendo de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza, que tenía  por sobrenombre de Quijada, o Quedasa, derivan estas otras ensoñaciones en tono a la locura, los amores, Doña Dulcinea, Don Aldonzo así como las últimas palabras del Cide Hamete.
Para muestra este microtexto de José de la Colina
Cervantes. En sueños, su mano tullida escribía el Antiquijote.

Neutral corner. Ignacio Aldecoa.

Apenas cincuenta páginas para condensar el entrenamiento en el gimnasio, el combate, el minuto de descanso, los consejos del entrenador, la mirada del manager, la vida entre las doce cuerdas, el boxeo y sus sombras como salida de la pobreza en aquella España de la posguerra. Entre asalto y asalto, lástima que solo escribiese catorce, una fotografía acompaña los textos. Tampoco a mí es deporte que me atrae pero ya he saltado al ring en dos ocasiones. Aldecoa me ha enganchado con sus golpes. Son cortos, llenos de velocidad, de fuerza,  de pegada literaria, tan intensos que tras el gong, bueno es regresar a la esquina, acomodarse en el sofá, disfrutar con el fotograma y con la frase que a modo de consejo introducen el siguiente round. Tomar un buche, soltarlo en el cubo metálico e introducirse el protector. Ignacio espera en el centro del cuadrilátero a pesar de haber elegido para escribir una esquina neutral.
La lona, hoja de papel, se extiende con sus cuatro esquinas. Los pies han de bailar sobre ella como los dedos sobre el teclado. A nada aspiro pues sé que de entrada es un combate perdido. Sin embargo, me dispongo a empezar por tercera vez la contienda. «Cada golpe siempre enseña algo y te hace más fuerte», aprendí de mi entrenador. El árbitro hace su llamada. Saludo de púgiles. Sus guantes, por tercera vez las pastas del libro, me ofrecen toda su sabiduría. No cabe otra estrategia: he de procurar el cuerpo a cuerpo, renglón a renglón, palabra a palabra, fundirme con él en un abrazo.

El jardín de las delicias. Francisco Ayala.

Si los periodistas lograsen contar sus noticias con la misma elegancia y finura que lo hace Ayala en sus Recortes del Diario, el sentimiento, la pena y la alegría provocada en los lectores facilitaría el aumento de las tiradas.
Si el enamorado tuviese la destreza para escribir Diálogos de Amor tal y como lo hace él, vería compensada su escritura con las bondades producidas por la flechas del amor.
Y si fuese capaz de expresar el recuerdo de un detalle siguiendo los cánones leídos en Díaz Felices su memoria escrita debería ser publicada en un texto que reúna las tres experiencias permitiendo así disfrutar de una delicia de jardín en el que al igual que en el cuadro del Bosco se aborde la dicotomía entre el amor y el dolor, la ternura y la crueldad, la vida y la muerte con una prosa a la vez elegante y directa.