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Pequeñas mujeres rojas. Marta Sanz.


 

A un pueblo de Castilla llamado Azafrán/Azufrón, reconstruido tras la guerra civil a base de sacrificios humanos y silencios, llega una mujer coja (por haber padecido la polio) y por avatares del caluroso día entra en la casa donde se va a hospedar y que a la postre será la de los protagonistas de la historia.

Es Inspectora de Hacienda y su trabajo consistirá en supervisar los trabajos en fosas de desaparecidos y unir los resultados con la explicación de los testimonios orales de las familias, del censo y de mapas y cuadernos para aclarar la verdadera historia de la historia de la fortuna de la familia donde se aloja, con el riesgo que esto implica de riesgo físico, psíquico y sexual en un medio rural hostil a conocer la verdad.


Desfile de ciervos. Manuel VIcent.



 Lectura veraniega. Un pintor es contratado para realizar un retrato de la familia real española en el pasado siglo. Pasadas las décadas la pintura inacabada se va configurando con la pátina sociopolítica de la vida española acaecida durante esas décadas. Ayuda a recordar acontecimientos como la evolución del príncipe Felipe, sus primeros amoríos hasta dar con Leticia, la caza del elefante por su padre junto al atentado que hizo perder las elecciones al PP, Zapatero y la aparición de tres personas ahorcadas en sendas grúas de la construcción.

Aunque por ello no dejan de ser muchas de sus páginas simples recortes de periódico el tratamiento dado por Vicent facilita el hacerse con un lienzo testimonial de toda una época.

El huerto de Emerson. Luis Landero.


 

El huerto, a priori, parece uno de esos libros que la editorial apremia al escritor a escribir porque se vence el contrato y que el escritor no sabe muy bien ni por dónde empezar ni sobre qué escribir.

Pero, poco a poco, el huerto se abona con los recuerdos gracias a la memoria (niño en Extremadura, adolescente en Madrid y primeros trabajos realizados) y a la buena mano de Landero como escritor, y van floreciendo páginas que por cómodas de leer no dejan de estar muy trabajadas previamente.


Temporada de huracanes. Fernanda Melchor.


 

Temporada de huracanes es un ejercicio audaz de escritura pero al mismo tiempo de lectura. Como un huracán propio de esas personas que empatan en una conversación un tema con el otro se va deshilvanando el porqué de la aparición de un cuerpo brutalmente asesinado. Sus pocos capítulos pero extensos hacen difícil dejar de leer, pues el hilo de lo escrito parece no se recordará al volver a tomar la lectura. El uso común de vocabulario argentino juvenil de a pie de calle, propio de quien anda con mariguana, coca y en el mundo del sexo es perfectamente entendible desde el contexto de la lectura y aunque en ocasiones muy repetitivo lo de chingar, la chingada y su enorme cantidad de significados (muy parecidos a los no jodas y a los joder nuestros) no estorba para llegar hasta un final que resume todo lo leído como si de una crónica periodística se tratara.