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Los desertores. Joaquín Berges.




La batalla de Somme es la batalla de las trincheras, de los primeros carros de combate, de la artillería incesante, del barro, de los poetas de la guerra, del cráter de la mina de Lochnagar, en La Boiselle, (vale la pena copiar y trasladar a Google para verlo) de los muertos por doquier de uno y otro bando (más de un millón). La batalla es recordada principalmente por su primer día, 1 de julio de 1916, en el que los británicos sufrieron 57 740 bajas, de las cuales 19 240 fueron mortales. Constituye la batalla más sangrienta en la historia del ejército británico.
No es de extrañar que sabiéndose muertos por la espalda si intentaban regresar, o en el pecho por el enemigo, se constituyesen grupos de soldados de varias nacionalidades que vivieron en tierra de nadie, a la espera de una oportunidad para desertar. Algo más de trescientos de ellos fueron fusilados por el ejército inglés al ser apresados tras su deserción.
De uno de ellos, de Albert, trata esta novela. Más bien del epitafio que su padre inglés ordenó escribir en su tumba que se encuentra en uno de tantos cementerios como hay en esa región de la Picardía. Hasta allí se dirige Joaquín. Su historia, la razón de llegar hasta la tumba, se mezcla con su vida personal en España y la de su familia que logra encontrarlo entre cementerios.

Los demonios. F.M. Dostoyevsky.




El autor vivió deportado algunos años en Siberia al pertenecer a un grupo rebelde a ojos zaristas. Su permanencia en los infiernos engrandece su escritura. Esta vivencia y la muerte de un terrorista ruso le hace plantearse la dinámica interna de las primeras células terroristas que llevan el nihilismo imperante en Europa al extremo ruso: el poder a través de la destrucción, la vuelta a la nada como única forma de poder crear algo nuevo.
De forma lenta, unas trescientas páginas, Fiódor va esbozando la sociedad Rusa, su aristocracia y la vida del campesino en una ciudad a camino entre Rusia y Petersburgo. De Suiza llegan los emigrados y las ideas. Se constituye una célula de cinco personas dispuestas a crear el caos en una sociedad con pocos visos de modificar el estatus. Son los inicios de la futura revolución.
En las setecientas restantes se descubre el nudo y desenlace. En medio, reflexiones sobre el valor de la vida, de las ideas y un enorme despliegue psicológico en los personajes que no dista de ser aplicable a cualquier célula terrorista actual.

MEMORIAS DE ÁFRICA. Isak Dinesen


La baronesa Karen Blixen viaja a África donde su marido ha comprado una gran extensión de terreno que alberga una granja. Desde que llega se siente profundamente enamorada del paisaje, su gente y sus tradiciones. Escribe un libro “Memorias de África” con el seudónimo de Isak Dinesen muy digno de ser leído; a pesar de lo truculento de la situación se lee sosegadamente, el cual ha sido llevado a la gran pantalla, siendo premiado en el 86 con siete estatuillas en la noche de los Oscar La lectura es exquisita y  transporta a otros lugares y a otra dimensión dando la sensación de estar muy lejos en el tiempo. A medida que transcurre todo se va haciendo más asequible. La descripción pormenorizada que hace del paisaje es excepcional, Se enamora de los africanos: los nativos kikuyos, los somalíes y los masáis lo que le hace escribir que “las muchachas somalíes son jóvenes y cautivadoras, hermosas e inteligentes”. Sintoniza con los africanos poniéndose en su misma piel.
 De origen danés era una mujer excepcional como la mayoría de las mujeres, siempre peleándose con las autoridades de Nairobi la capital de Kenia. Fue capaz de llevar su rica vajilla y su cristalería fina hasta su residencia africana, pues gozaba de la vida y de la amistad con sus semejantes, por lo que casi siempre tenía amigos invitados en su casa. Se rodeó de un considerable número de aparceros, que a cambio de la tierra le tenían que trabajar  determinados días del año. Su gran pasión fue la construcción de una plantación de café con su correspondiente secadero y todo lo necesario para exportar el café a Inglaterra. Se siente auténticamente enamorada de la plantación.
A lo largo de su estancia en el continente se encuentra con  una serie de personas que llaman la atención. Ejerce de enfermera y encuentra en la pradera al insignificante niño nativo llamado Kamante enfermo y desnutrido  para el que la autora opina que es “la cosa más digna de piedad que podía imaginarse”. El viejo Knudsen para el que escribe que: “suficiente cantidad de sufrimiento se concentre en un solo punto” El gran jefe kikuyo Kinanjui.
Son espectaculares las fiestas que organiza en la granja coincidiendo con las gnomas  (danzas nativas de los masáis y los somalíes) llegándose a reunir miles de personas. Siempre hay amigos en su casa y llega a enamorarse del cazador británico Danys Finch el cual al regresar de sus safaris se quedaba en la granja donde había instalado sus pertenencias y sus libros; poseía un aeroplano donde llevaba a Karen para disfrutar y sentir el inimaginable paisaje Africano.
Debido al cambio climático el negocio del café va transformándose en poco rentable, pues disminuye la producción y el precio, por lo que tiene que vender la granja. Por si fuera poco su amigo sufre un accidente con el aeroplano junto con su criado siendo enterrado en unas colinas desde donde se ve la casa. Por otra parte  no sabe qué hacer con su gente por la que teme por su futuro. Después de mucho esfuerzo y tiempo el gobierno concede una parte de la reserva forestal a los aparceros pues no querían ser separados con lo que la escritora regresa a Europa donde muere.

La vida breve. Juan Carlos Onetti.



La vida breve no solo fue breve sino intrépida y rocambolesca durante la primera parte de su lectura. Los sonidos provocados por la actividad amorosa de una mujer al otro lado de la habitación dan pie al protagonista para imaginarla tanto a ella como a sus visitas. A ello se une la vivencia que aporta la cicatriz del pecho operado en su esposa y la necesidad de crear un guión para la agencia publicitaria para la que trabaja que dará lugar a las fantasías de un doctor.
Con maestría, Onetti, acaba mezclando los caminos de personajes de ficción y realidad.
La segunda parte se me hizo extensa y tediosa o bien yo no tenía la cabeza.

Trilogía de la guerra. Agustín Fernández Mallo.



La trilogía de la guerra ofrece tres escenarios para una misma representación: la guerra. Pues, todas las guerras son la misma.
En el primero de ellos salen a la luz recuerdos de la guerra civil a través de la isla de San Simón en la ría de Vigo, que fuera antes una leprosería. En el segundo, un cuarto cosmonauta del apolo que facilitó la primera huella humana en la luna y luego fue piloto de caza recuerda su vida anónima. En el tercero, una mujer viaja a Normandía en busca de recuerdos del desembarco.
Las tres historias se tejen con nexos comunes: la guerra, la vida.

Soledades. Luis de Góngora.



Quienes estudiamos bachillerato antiguo abrimos sobre nuestros pupitres Lengua y Literatura Española. Unos libros de texto de Lázaro Carreter. El de sexto curso, Antología, tenía en su portada los retratos de Cervantes, Shakespeare y Dante entre otros. Llegados al siglo del Barroco teníamos que hacer frente a Lope de Vega, Quevedo y Góngora.
En la mente permaneció Quevedo, por satírico y divertido pero de don Luis solo quedó flotando la sensación de rareza e incomprensión, a la espera de que no cayera en el examen.
Las Soledades, a pesar del extenso estudio previo incluido en ediciones Cátedra, de las anotaciones por estrofa que ayudan a atisbar una posible comprensión, no son fáciles de digerir. Con razón a los dieciséis años no queríamos oír hablar de estas soledades. Cuánto conocimiento aristotélico y de las deidades griegas, cuántos jeroglíficos verbales. Cuantos renglones por comprender.
Creo no haber leído nada tan complejo. Y al mismo tiempo tan innovador.

Tango satánico. László Krasznahorkai




Un extraño doctor anota en un diario la vida de sus vecinos. Tiene un cuaderno para cada uno de ellos y desde su ventana da vida a los pocos personajes que aún perviven en una explotación abandonada en una remota región rural de Hungría. Sus vidas son monótonas, carecen de futuro, hasta que llega Irimiás tras haber abandonado el poblado. De él esperan que tenga un plan, que revitalice la zona. Con él esperan zanjar viejas rencillas y amores. Mientras Irimiás urde un plan para sacar a sus vecinos del marasmo, el doctor sigue rellenando cuadernos.

EL BAÚL DE LOS CANGREJOS. Javier González.


Javier González conocido por todos y médico del Pabellón Municipal de Deportes ha escrito su cuarto libro: EL BAÚL DE LOS CANGREJOS y se lo ha dedicado a Ita, desaparecida en la espera. El libro ha sido escrito con mucho cariño y dedicación, además por circunstancias de la vida ha tenido que  escribir sometido a una gran presión. Abarca los cinco últimos siglos de lo que pasó o pudo haber pasado en el Puerto de la Cruz y se encuentra distribuido en quince capítulos con una atrayente e inmaculada prosa.
El libro es entretenido e instructivo para aquel que le importe algo el Puerto y para el que no, también; emplea un lenguaje claro y transparente, salpicado de palabras antiguas de hace más de dos generaciones. Los primeros comentarios que me aportan, indican que al leer tiene uno que disponer no muy lejos de un drae para no quedarse embobado. Podría colocar una serie de palabras que conozco, aunque otras, bastante, es la primera vez que tengo noticias de ellas. Aun cuando solo tenga un interés personal, ahí van algunas:
Arrufo ; faltriquera ; mucama ; verijas ; maguas ; cardumen ; bejeque ; firringallo ; grao ; alilayas ; arrampló ; chaputines ; gabelas ; embullada ; jalapa ; estevadas ; zaragates ; boladas ; margulliam ; halando ;  apotala. Podríamos continuar, pero como muestra es suficiente.
La escritura es un dialogo permanente de personajes de la ficción y la realidad. Para poner a interactuar a la gran cantidad de personajes, el esfuerzo ha de ser titánico. Busca  relacionar con lecturas de la bibliografía, para lo que otro ser tendría que vivir otra vida sin saber si tendría tiempo suficiente.
Me resulta curioso que los pescadores no sepan nadar; el abuelo Gregorio decia que si pasara algo aprendería sobre la marcha, aspecto que creo. El Puerto ha sido un sanatorio para los extranjeros, donde venían a curar su tuberculosis y otras enfermedades del aparato respiratorio.
Aventuro que si el muelle no se hizo  en la época en que vivía D. Agustín de Betancourt, tengo la más completa seguridad de que no se hará.
El libro es una joya que merece ser regalado, al cual se le podría dar una segunda y una tercera… lectura.

DÍAS DE AMOR Y DE GUERRA. Tahmina Anam


Tahmina, escritora bengalí nacida en Dhaka en 1975 es doctora por la Universidad de Harvard y vive en Londres.
El libro narra la historia de Reana Haque una mujer que sola y con dos hijos vive con los Sengupta y la señora Rahman, junto a sus inquilinos la señora Chowdhury con su hija Silvi, en un barrio de clase alta en Daka, perteneciente a lo que antiguamente era Pakistán oriental, en la actualidad Bangladesh.
Su felicidad la constituye sus hijos Sohail y Maya, pero la guerra por la independencia de Bangladesh le convulsiona a todos la vida situándose en la difícil disyuntiva de tener que elegir entre su país y sus hijos.
Emotiva novela donde la escritora logra imprimir el ambiente y la mentalidad  oriental; describe la guerra con sus horrores y también la dictadura de los gobernantes, que llegan a querer convencer al pueblo de que un bengalí no puede gobernar Pakistán, los bengalíes se impondrán al régimen fascista de los pakistaníes; al final se da cuenta para su decepción de que mientras sus hijos serán siempre el centro de su vida ella irá paulatinamente desapareciendo del centro de la de ellos.

Abecedario de la pólvora. Yordán Radíchkov.



Los Balcanes, esos desconocidos. Allí escribió Radíchkov en tiempos convulsos para su país, Bulgaria.
Por primera vez se abordaban cuestiones como la revolución socialista o la resistencia antifascista huyendo de la simplificación y el ensalzamiento ideológico impuestos por el realismo socialista. Las historias que lo componen, a la vez sencillas y profundamente bellas, están impregnadas de una sabiduría popular que entronca con la tradición y el folklore búlgaros. Una puerta a un pequeño mundo rural y rico en elementos fantásticos (lo que le valió el calificativo de realismo mágico balcánico), poblado por héroes anónimos que, bien conduciendo un carro lleno de jarros y vasijas, amasando el pan cada mañana o tallando la piedra en las canteras, reivindican su papel en la epopeya de lo cotidiano.