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Clases de literatura. Julio Cortázar.


Se puede obviar la lectura de este libro y disfrutar de tantos y tantos cuentos escritos por Julio. No es necesario leerlo para recrearse en muchos de los pasajes de Rayuela, ni siquiera para hacernos una idea cabal de los cronopios y las famas o para tomar conciencia política del porqué del Libro de Manuel.

Sin embargo, para los que gusten leer al tiempo que valorar la arquitectura empleada por el escritor, estas clases son una guía de mucho valor para profundizar en un autor al que debieron aplicar muchas connotaciones a la hora de no verle merecedor del Nobel. Una de las que se me ocurre debió haber sido la de que realmente el Nobel no se merecía a Cortázar.

El nadador en el mar secreto. William Kotzwinkle.



El nadador en el mar secreto es un libro de tapas duras, sin lugar a dobleces ni arrugas, como corresponde a la simplicidad con la que se trata el acontecimiento relatado ya que no deja asidero ni pliegue al que agarrarse. Es delgado, apenas cien páginas, propio de la esquelética línea que divide su lectura entre ambas manos: en la izquierda la portada de la vida, en la contraportada la muerte. No es libro agradable de leer para quien disfrute de nueve meses de futuro procreador. Sin embargo su naturalidad atrapa.

Mitología Griega. Spathari Elisavet.


Mi querencia para con las Cañadas ha hecho que el afán por conocerlas y disfrutarlas no solo me haya llevado a patearlas bajo el sol sino que también lo he hecho al amparo de las estrellas. De ahí surgió el ánimo por conocer la bóveda celeste y la distribución de las constelaciones. A renglón seguido germinó la curiosidad por conocer la vida de los dioses a través de Robert Graves. De ahí esta lectura. Conocedores de las aficiones fue regalado por unos amigos al regreso de un viaje por Grecia.
Ha supuesto una inyección de conocimientos que obligará a su relectura ante el enorme árbol genealógico a partir de Caos y Gea. También el disfrute de poder leer en un mismo libro las bases de tantas historias leídas en tantos autores modernos.

Al final va a tener razón quien opina que después de los griegos todo ha sido un copia y pega.  

Antología. Carmen Martín Gaite.



El libro llegó desde Urueña, Valladolid. Ciudad amurallada conocida como Villa del Libro por las múltiples y variadas librerías que alberga en tan reducida superficie. Hace años adquirí en ella Carta al padre, de Kafka. Quienes pasaron por allí decidieron hacerse con otra gran contadora de historias usando como la base la propia experiencia vivida. Es una antología de sus obras en la que se puede valorar el discurrir evolutivo de su escritura sin perder las ganas de contar, de escuchar, de traer a cuento el uso de la palabra como herramienta de diálogo y comprensión.

LA NIETA DEL SEÑOR LINH. Philippe Claudel

 Un día de noviembre tras un difícil y complicado viaje el señor Linh desembarca en un país donde no conoce a nadie ni tampoco el idioma. Huye de la guerra con su nieta y le acomodan en un piso de acogida. Conoce al señor Bark un hombre corpulento y solitario con el que se encuentra  en un banco del parque. Un día trasladan al señor Linh a un hospicio y ahí comienza la lucha para volverse a encontrar con su amigo. El libro se lee rápidamente y sin altibajos hasta que nos conduce a un final inesperado e inimaginable, la historia se puede considerar entrañable y conmovedora pero no me ha parecido algo deslumbrante, aunque debe de tener alguna virtud oculta que no he podido descubrir pues ha sido publicado con la ayuda del Ministerio de Cultura francés y editado cuatro veces. Emplea frases cortas, con un lenguaje tranquilo y sosegado; alguien opina de su estilo minimalista. No obstante lo que le sucede al Señor Linh es difícil y complicado de vivir, termina con una frase, que es el origen del título del libro
El autor en su tiempo libre enseña a niños discapacitados y a presos. Sus novelas y sus libros han sido galardonados. La nieta del señor Linh permaneció en la lista de libros más vendidos desde su aparición.

La nieta del señor Linh. Philippe Claudel.


Novela corta o relato largo La nieta del señor Linh se lee en un pispás. Construida con frases cortas permite al lector añadir en su mente todo lo que el escritor ha deforestado previamente. Es posible que las estampas que faltan sean llenadas por cada cual en función de las imágenes que ve de subsaharianos a su llegada en pateras ya que en su lectura no hay Cruz Roja, descripciones de campos de refugiados ni de albergues de acogida. Solo tres personajes. El abuelo, la nieta y un tal señor Bark, residente de la ciudad de acogida con el cual entabla relación el señor Lihn.

Los diarios de Emilio Renzi. Ricardo Piglia.


Si tuviera que recomendar entre estos cuatro diarios: El libro del desasosiego de Pessoa, El oficio de vivir de Pavese, Los cuadernos de Lanzarote de Saramago o Los diarios de Emilio Renzi, preguntaría antes si el interés viene de un lector o de un aprendiz a escritor. Para el lector mantendría ese orden. Pessoa es como un artista, un músico o un velocista de elite: entrenamiento se le supone pero nació con unas condiciones innatas imposibles de alcanzar a base de emborronar lienzos o cuartillas por muchos maestros y academias a las que se acuda para acortar la distancia.
Para quien pretenda acercarse a la escritura mejor empezar en orden inverso pues Los diarios de Emilio Renzi (*) permiten valorar la vida de un escritor hecho a sí mismo. Un escritor que trata de hacerse un espacio propio a sabiendas de que en la década de los sesenta Cortázar, Borges, Fuentes marcan el camino, a lo que hay que añadir la publicación de 100 años de soledad. Entre cómo llegar a fin de mes y los avatares políticos argentinos Renzi o Piglia, tanto da uno como el otro, va desgranado la arquitectura de sus propios cuentos, las lecturas y artificios literarios empleados por otros autores al tiempo que da forma a su novela: Plata quemada.

Una vez leído los años de formación quedo a la espera de los otros dos volúmenes (**) y (***) a los que auguro un largo recorrido entre quienes estamos aficionados a romper con la virginidad de páginas y pantallas en blanco pero muy corto entre lectores de ficción.  

Clases de chapín. Fulgencio Pimentel.


Libro de relatos. Escritos en clave hebrea y guatemalteca, doble condición del autor, constituyen un artificio entre la forma de entender la vida y las culturas heredadas. Estas improntas avalan un lenguaje cuanto menos curioso que da pie a historias a caballo entre el yiddish y el castellano que bien merecen su lectura.

Golowin. Jakob Wassermann.


Golowin aparece en el último tercio de la novela. Es un marinero revolucionario bolchevique. Los dos primeros tercios dibujan el perfil de la aristócrata María von Krüdener, acompañada de sus cuatro hijos, sirvientas y un abultado equipaje, que huye de su hacienda en Tula, al sur de Moscú, para reunirse con su marido. Por lo que ocurre entre ellos dos en ese tercio bien vale la pena leer esta novela corta que presenta un gran estudio por parte del escritor de los perfiles psicológicos de los dos protagonistas enfrentados por contradictorios deseos. No en vano el autor era ferviente admirador de Fiódor Dostoyevski.

Salvar a Mozart. Rapaël Jerusalmy.



Pequeña pieza literaria en forma de diario que nos conduce a un sanatorio para tuberculosos en el que se encuentra ingresado el protagonista. Fechado durante la ocupación de Austria por los nazis describe el cambio social en los primeros meses de la guerra tanto en el orden sanitario como político. Aprovecha el autor los conocimientos musicales del protagonista y el festival de verano dedicado a Mozart para urdir su pequeño plan de venganza contra la ocupación de Hitler.