Enciclopedia novelada o novela enciclopédica.
La primera opción obliga a leer algunos párrafos extensos, algo
"aburrientes", en los que la mente puede desconectar por sí sola al
verse abrumada. Pero también permite valorar la capacidad de conexión del autor
con temas tan dispares. Sobre todo en el uso que hace de la historia de la
medicina así como de anécdotas vividas por pintores, músicos y filósofos máxime
teniendo en cuenta que la obra fue terminada en 1974, antes de que internet pusiese a
golpe de tecla tanto conocimiento. ¿Cuántas libretas con anotaciones don
Fernando?
La segunda opción es una gozada, continuamente salpicada de conexiones
metafóricas hasta el hartazgo, es un canto al uso del lenguaje y a la
creatividad del autor cuya propia internet cerebral le facilita asociaciones
como: el carcaj de lápices que previamente bebieron en las fuentes del arco
iris, para decir que el niño llevaba un estuche de lápices de colores.
En medio, capítulos geniales como el IV: Unas palabras sobre Estefanía,
auténtica polifonía erótica. O el XII: La erudición del primo Walter y las
manzanas de Tristam Shandy, auténtica polifonía de conocimientos entrelazados.
O el XX: La Priapíada, pura imaginación
fálica. O el XXII: Del sentimiento tragicómico de la vida, seguramente la mejor
descripción de Londres.
Como conductor entre ambas directrices tenemos a Palinuro, piloto de la nave de
Eneas, a través de México. En ocasiones narrador y en otras, protagonista de su
propia vida desdoblado a través de las personalidades de sus amigos.
Dice Palinuro que escribir “mamá” dista mucho de escribir. Sin embargo
escribir “mamá verde” ya es escribir literatura. Para quien guste de este tipo
de figuraciones en número hiperbólico este es un libro colosal.