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El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes. Tatiana Tibuleac.


 

Diario que ayuda al protagonista a comprender su vida al centrarse en aquel verano que compartió con su madre tras ser diagnosticada de cáncer. Una dolorosa puesta en escena de las consecuencias de las relaciones familiares por parte de un enfermo psíquico que como bien expresa no está loco sino que tiene un genio delirante ya que se ha hecho rico con los cuadros pintados evocados por imágenes de aquel periodo en el que ayudó a su madre.


Los miserables. Victor Hugo.


 

Sin palabras.

El Quijote.

Luego.

Los Miserables.

Estoy solo. Beyrouk.


 

Soliloquio de un periodista que se ve atrapado en una revuelta yihadista en un país africano.

Desde la habitación que le sirve como refugio observa lo que ocurre en las calles y evoca los por qué ha llegado esa nueva barbarie a la zona. Cómo es que amigos suyos han acabado abrazando la nueva religión, el fundamento escrito de la misma y cómo él mismo desde su atalaya informativa al servicio de los poderes anteriores contribuyó a la corrupción que ahora combaten quienes imponen el burka, prohíben el fútbol y el fumar.

Una visión, escrita desde el Sahara que ayuda a comprender el comportamiento humano al tiempo que pone en valor las letras de otros rincones geográficos desconocidos literariamente. 

Las visiones de Lucrecia. José María Merino.


 

Lucrecia es una adolescente que sueña. Sus sueños se los cuenta a su confesor y de la interpretación de los mismos nace una profeta que augura el desastre de la Armada Invencible. Se teje así su carrera meteórica hacia la fama hasta el punto de tener su propio amanuense encargado de escribir el significado de las visiones y de crearse en torno a ella una Congregación con visos a crear un  nuevo mundo. Hasta que Felipe II dice basta y todo el poder de la Santa Inquisición cae sobre ella y comienza su descenso entre cárceles y oficios con el sambenito como futuro.

Lo cierto es que más allá de lo novelable Lucrecia de León existió y sus profecías fueron objeto del Santo Oficio. 


Los hermanos Karamázov. Dostoyevski.


 

Con tiempo para leer, buena lectura es. Es una de esas novelas que por extensa y por párrafos de cuatro a seis páginas en los que no existe un punto y aparte es conveniente leerla por apartados enteros para no perder mucho el hilo. En realidad son solo unos pocos personajes. Un padre déspota, engreído y borrachuso que malcría a sus tres hijos y a uno más que puede serlo o no y que tiene como sirviente (Smerdiakov ). El uso de diminutivos confunde al principio y no es fácil reconocer al único hijo de la primera esposa (Dimitri – Mitri – Mitenka - Mitka) y a los dos de la segunda (Ivan y Alexei - Aliosha).

Es conocida por ser la novela del parricidio más famoso de la historia pero a nadie escapa que supone un estudio psicológico de sus personajes así como de una sociedad rusa (escrita en 1880) que se debate entre abrazar las nuevas ideas de la ciencia y de la inexistencia de Dios que llegan desde Europa o bien continuar apegados a los iconos.


La silla del águila. Carlos Fuentes.


 

Unas declaraciones del presidente de México provocan el cese de las relaciones bilaterales con los yanquis. No solo se corta el suministro de petróleo sino que el satélite se “funde” y deja de dar señal a todo el país por lo que se ha de volver a la comunicación epistolar.

Esto explica la estructura del libro a base de misivas entre quienes pretenden apoderarse de la silla del águila y dirigir los designios del país y quienes han de defenderse.


Plenilunio. Antonio Muñoz Molina.


 

El criminal siempre vuelve al lugar del crimen. De eso va esta novela. Pero se han de dar las circunstancias para que reincida en su intento infanticida. El que sea la luna llena el motivo explica el título. Un inspector que ha llegado “deportado” del País Vasco y aún con la obsesión de sentarse cara a la puerta en los restaurantes y bares, de mirar debajo del coche; su mujer en el sanatorio tras soportar amenazas, llamadas y un marido dado al alcohol para tolerar el estrés; un cura jesuita de la infancia, una maestra de pueblo enamorada, las víctimas y asesino dan pie a una trama que llevan al lector al desenlace tanto de la novela negra, como de la rosa y de la sociopolítica.


Del color de la leche. Nell Leyshon.


Vivir en el siglo XIX no fue nada fácil. Curioso es que hoy en día todavía sigamos con pautas heredadas aunque quizás más sutiles. La protagonista vive en una granja con cuatro hermanas. Su vida se desarrolla con la luz, de sol a sol. Cuidan del ganado, de las gallinas y trabajan la tierra con su padre mientras su madre se encarga de los quesos al tiempo que un abuelo paralítico solo es comprendido por la nieta menor. Una nieta que piensa y habla, y que habla lo que piensa. A falta de más varones en la casa el padre llega a un acuerdo con el vicario y pone a su cargo a su hija menor para que ayude a su mujer enferma. El resto merece la pena ser leído.

Blanco sobre Negro. Rubén Gallego.


 

No es exactamente una autobiografía pero indudablemente los textos, a modo de pequeños relatos, van indisolublemente unidos a la vida del autor. Sus experiencias en distintos orfanatos y asilos pueden, en principio, sernos indiferentes si se ha leído Archipiélago Gulag de Solzhenitsyny otras historias sobre aquella Rusia tras el Telón de acero. Sin embargo, cuando, tal y como se lee en la solapa que su autor, Rubén Gallego, nació en Moscú en 1968, en la clínica del Kremlin donde llevaron a su madre de urgencias gracias a la intervención de su abuelo, Ignacio Gallego, dirigente del Partido Comunista Español en el exilio, donde nacieron mellizos, pero el primer bebé falleció a los pocos días y el segundo, Rubén, afectado de parálisis cerebral, vivió con su madre un año y medio encerrado en un hospital y luego se lo quitaron y le dijeron que había muerto, la Rusia profunda recibe otra vuelta de tuerca a los ideales propuestos por la revolución y al tiempo realza el valor de Ignacio por la naturalidad con la que aceptó sus vivencias hasta dar con la madre en Praga, tener dos hijas y vivir en España a pesar de no recibir jamás una visita de su abuelo.


Las semanas del jardín. Juan Goytosolo.


 

Durante un par de semanas se reúnen un círculo de lectores para debatir sobre la vida de un tal Eugenio. Cada cual aporta lo que ha podido encontrar de este personaje en ocasiones inexistente, en otras, auténtico camaleón que sirve al autor para describir las vivencias de un protagonista  que logra escapar a la represión franquista al verse doblemente envuelto por su posible pertenencia a la lacra roja y por su condición homosexual. Al igual que el propio autor acaba recorriendo la geografía marroquí, donde se asienta, tras supuesto origen canario, como europeo de finos gustos hasta acabar asesinado a cuchilladas en plena calle por un loco sin ser debidamente aclarado quien fue en busca de quien.