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Un viaje de diez metros Richard C. Morais
Hassan Haji nació en el piso de arriba del restaurante de su abuelo en Bombay, entre el aroma a curri y el sabor de las especias. Pero la tragedia empuja a su familia al exilio, y en su curioso periplo Hassan y los suyos se instalan en un pueblo de los Alpes franceses, donde la célebre chef madame Mallory regenta el sofisticado Le Saule Pleureur. A sólo diez metros, los Haji montan un pequeño local de cocina hindú, cuyos intensos olores y estridente música revolucionan a los vecinos.
«Una mezcla de Slumdog Millionaire y Ratatouille», The New York Times Book Review.
Es entretenido y se lee con mucha facilidad.
La marca del meridiano de Lorenzo Silva
La marca del meridiano está ambientada en la Cataluña actual, se adentra más allá de los hechos y presenta un sólido retrato del ser humano ante la duda moral, el combate interior y las decisiones equivocadas.
La novela relata como en una sociedad envilecida por el dinero sucio y la explotación delas personas, todavía el amor puede ablandar a las fieras. Un guardia civil retirado aparece colgado de un puente, asesinado de manera humillante. A partir de ese momento, la investigación que ha de llevar a cabo su viejo amigo y discípulo, el brigada Bevilacqua, abrirá la caja de Pandora: corrupción policial, delincuentes sin escrúpulos y un hombre quijotesco que buscará en el deber y el amor imposible la redención de una vida fracturada.
REINA LUCÍA, de E. F. Benson
Adorada por legiones de fans, inspiradora de una famosa serie de la BBC, Reina Lucía es la primera de la mítica serie de novelas de Mapp y Lucía, deliciosas sátiras sobre la pretenciosa y relamida burguesía rural británica. Reina Lucía nos presenta a la inimitable Emmeline Lucas (Lucía para los amigos), árbitro social y reina del pintoresco villorrio de Riseholme, que ve su trono peligrar con la aparición de Olga Braceley, una cantante de ópera sin escrúpulos. Para hacerle frente, contará con el apoyo de su fiel amigo, Georgie Pillson, un zangolotino de la mejor calaña, aficionado al cotilleo salvaje, al petit point y a las conversaciones en italiano macarrónico; o con su molesta vecina, Daisy Quantock, que revoluciona al pueblo entero cuando adquiere un «gurú» nativo de la India aficionado a las bebidas espirituosas de alta graduación, que introduce en la comarca la fiebre por el Yoga.
Reina Lucía es una novela deliciosa, ferozmente british, que incita a la risa desde la primera página con un humor que no tiene precio.
La familia Van Kieren está al borde del caos. La librería de la madre, Emma, está en la bancarrota; el padre trabaja demasiado; la hija adolescente no aprueba ni una asignatura, y al hijo pequeño la chica que le gusta lo humilla. Para colmo, después de una fiesta, una bruja hechiza a los Van Kieren y los condena a convertir...
No me ha gustado. Es demasiado forzado, pretende ser divertido y no lo logra en ningún momento. Creo que de este autor ya se ha completado mi cupo de lectura.
El diablo viste de Prada de Lauren Weisberger
La ambición de la joven Andrea es entrar como redactora en New Yorker, pero sólo consigue un puesto de ayudante de dirección en una revista de moda. Se trata de aguantar un año, y esa experiencia puede abrirle las puertas de su sueño. Lo que Andrea no sabe es que a partir de ese momento las horas se harán interminables, y que su jefa es un auténtico demonio vestido de Prada. Lauren Weisberger nos introduce en las entretelas del mundo de la moda, con un relato hilarante, cargado de ironía y desenfado, donde destaca la caracterización de la insufrible editora, a cuyos pies se rinden los mejores diseñadores, y que se regodea en torturar psicológicamente a sus pobres subalternos. Glamour y sufrimiento van de la mano en esta divertida e irónica novela, que ha consechado un sonado éxito entre los lectores de Estados Unidos.
Me ha gustado y me he divertido con su lectura.
En mares salvajes. Javier Reverte
Interesante propuesta la de
Javier Reverte. Por una parte un viaje al pasado que sabe hacer fluir con el
lento paso de un iceberg y que como la gran mole de hielo nos permite leer lo
que está en superficie tras condensar de forma amena muchas horas de lectura en
profundidad e investigación en torno a los cuadernos de bitácora de aquellos
navegantes que quisieron anexar gloria a sus mecenas y dinero a sus bolsillos.
Por otra, un viaje por el presente en un buque oceanográfico ruso, último
bastión de aquellos viajeros jubilados adinerados a los que ya no les falta
nada que ver. Entre ambos, la evolución de los nativos, su recelo del hombre
blanco, su diabetes, colesterol, y el hastío de una vida desestructurada a base
de subvenciones junto a la inmigración de quienes buscan alejarse del mundanal
ruido, todo ello rodeado por el gris marmóreo que se repite una y otra vez.
En mares salvajes ( Javier Reverte )
Es la crónica del viaje que
realiza Javier Reverte en el 2008 cuando, debido al deshielo de ciertas zonas
en el Polo Norte, se puede atravesar el tan buscado Paso del Noroeste.
Javier Reverte nos acerca, en ese buque, no sólo a
esas remotas tierras por donde a modo de una “flota de espectros”, deambulan
placas de hielo sino también a las hazañas de aquellos exploradores de siglos
pasados como la trágica aventura de John Franklin, muerto como todos sus
hombres en la búsqueda infructuosa del Paso del Noroeste o la aventura del
tenaz Amundsen , primer explorador que logra cruzarlo…
En este buque, en el que
virtualmente viajamos…nos hundimos ciegamente, como el destino, en el Atlántico
solitario, ( H. Melville) y también en la espesura del alma…que en
superiplo, muestra sus paisajes más sórdidos y desérticos, de una blancura que
se mancha de grises como cuando vemos los efectos del encuentro de esas dos
culturas la “civilizada” europea y la “primitiva” esquimal.
Hoy, los inuits, como son
denominados, viven muchos, en “reservas” donde cobran unas “prestaciones “
de los gobiernos que “velan” para que estas comunidades no desaparezcan…habiendo
perdido prácticamente su esencia y su modo de vida en esa globalización que no
potencia lo mejor de cada cultura.
Los pasos perdidos. Alejo Carpentier
Los pasos perdidos son los de un occidental que remonta el
Río Orinoco en busca de primitivos objetos musicales, conocidos por referencias
misioneras, en los que se fundamenta el origen de toda música. Una parte del
viaje es hecho en compañía de su amante blanca, un Adelantado, un buscador de
oro y un Fraile, hasta que ella enferma de paludismo y regresa; luego siguen remontando
el cauce y en esta parte del viaje se enamora de una nativa. Esta trama
justifica al autor, cuando el protagonista arriba a los confines de lo
desconocido, para situarlo al final del Cuarto Día del Génesis, “de tal forma
que de retroceder un poco más, llegaríamos a donde comenzara la terrible
soledad del Creador”. Es en ese punto, en el que lo civilizado pierde su
utilidad y lo incivilizado comienza a entenderse como el noble arte de vivir,
donde el protagonista se enfrenta al origen del hombre bajo su propia mirada y
duda entre comenzar una nueva vida o regresar.
Romeo y Julieta. William Shakespeare
Dejé
Los pasos perdidos de A. Carpentier descansando en la librería hasta el día
siguiente cuando me fui a la cama. Juraría que alongada al estante, cual si
fuera a un balcón, Julieta me había picado el ojo y que a renglón seguido me
había dicho: mucho leer, mucho leer pero seguro que eres como todos, que se
jactan de nuestro trágico amor y del tu bi o no tu bi, pero solo de oídas. Ahí
te equivocas, le contesté, que Hamlet sí que está leído y además están
subrayadas las perlas de humor que en él tu creador dejó.
No
es que me hablara desde un manzano pero ya se sabe que cuando el silbido de una
mujer se vuelve tentador, acaba consiguiendo lo que desea. Así que solté la
manzana de un amor perdido por las selvas tropicales y regresé a la estantería
a por otra de amor en las calles de Verona.
A
quien le ocurra tal y como le ha sucedido a quien escribe, y no se contente con
lo visto desde la platea, en pantalla o con lo oído por transmisión oral, y
crea que solo la lectura proporciona la verdadera dimensión de lo expresado en
los escenarios, recordarle que la realidad leída por uno mismo siempre supera
la ficción por otros creada.
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