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Solaris. Stanislaw Lem.


 

Solaris es un planeta a millones de kilómetros de la Tierra. Lleva décadas siendo estudiado hasta el punto que tiene una base fija que malvive suspendida a unos cuatrocientos metros sobre la superficie de uno de los pocos islotes que configuran el planeta. Es resto es un plasma, una especie de mar gelatinoso capaz de crear excrecencias gigantes capaces de imitar grandes ciudades y paisajes inhóspitos desconocidos por el hombre. Su materia ha sido traía a la tierra para su estudio pero poco se ha avanzado.

Has allí llega Kelvin para estudiar el planeta y tratar de establecer Contacto con él.

¿Por qué los humanos nos empeñamos en establecer Contacto? ¿Y si la otra parte no lo quiere, no lo necesita? ¿Y, si simplemente, no hay forma de establecerlo? Ciencia ficción de la buena.


Los años extraordinarios. Rodrigo Cortés.

 

Quienes saben que gusto de la lectura suelen regalarlas en fechas navideñas. Se produce así una renovación en títulos y autores. En unas ocasiones precedidos por consejos y en otras por propia iniciativa. Elegir un libro, como cualquier otro regalo, en unas ocasiones se hace en función de quien recibe y en otras de quien obsequia. Y no siempre se acierta aunque sea un tragaldabas el lector. Al menos, tras casi las primeras cien páginas. De ideas ocurrentes, para otra ocasión queda, cuando me aventure más allá a ver si doy con el gusto por su lectura. 


Judíos errantes. Joseph Roth.


 

El problema judío visto por un judío en la década de los treinta. Lectura de varios artículos que sirvieron al autor para hacer entender lo que se avecinaba allá por 1937 en un intento por clarificar las costumbres del pueblo judío desde una perspectiva objetiva. Esclarece así las formas de vida tan diversas que adopta el pueblo judío cuando vive de forma permanente en los principales países de Europa de acogida como Alemania, Austria, Francia y Rusia. Al tiempo que explica lo que ocurre cuando errantes cambian de país y también de estatus económico o se adaptan las nuevas generaciones de hijos y nietos. Una forma de entender la vida de quienes ya en esa época aspiraban a conformar una nación y de desmitificar tanto prejuicio que aún existe alrededor de sus capacidades para el comercio.


El misterio de la carretera se Sintra. Eça de Queirós. Ramalho Ortigão.


 

El misterio lo fue doble. Por una parte, la historia en sí. Con ese carruaje en el que va un doctor y su amigo al que unos enmascarados le dan el alto, entre Sintra y Lisboa, y son secuestrados para que certifiquen la muerte de un inglés. A partir de este entuerto continua todo el desenlace del porqué del asesinato.

El otro misterio es el que los dos autores provocaron en la población lusitana. Los diferentes capítulos fueron enviados, como era costumbre en el siglo XIX al periódico de tal forma que estimularon en los lectores el que se involucraran en la resolución del misterio por lo que junto con sus cartas noveladas aparecieron otras que aseguraban el ser testigos de algunos de los lances vividos por los protagonistas así como la resolución del misterio.


Signor Hoffman. Eduardo Halfon.


 

El signor Hoffman realiza un periplo por distintos países, entre ellos Italia, Guatemala, Polonia en busca de las huellas de su abuelo, un judío acorralado en un gueto de su país que acabó en un campo de concentración y que finalizó su vida en Guatemala. Durante sus estancias, sus relatos se llenan de vivencias sin mayor trascendencia pero a las que el escritor les saca mucho partido con su particular estilo para contar lo sucedido.


Paraíso. Abdulrazak Gurnah.


 La isla de Zanzíbar como eje de culturas hindúes, árabes y africanas da pie al comercio con el interior de la Tanzania colonial ocupada por los alemanes. En este marco se desarrolla la vida  de esclavo privilegiado del joven Yusuf que acaba siendo predilecto del comerciante que lo acoge a su cargo a cambio del impago por parte de su padre de las deudas contraídas. Se despliega de esta forma toda una serie de aventuras en torno a las caravanas de comercio hacia el interior africano donde concurren las peripecias propias del comercio del trueque junto con el cruce de religiones y costumbres que enriquecen la novela.


El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes. Tatiana Tibuleac.


 

Diario que ayuda al protagonista a comprender su vida al centrarse en aquel verano que compartió con su madre tras ser diagnosticada de cáncer. Una dolorosa puesta en escena de las consecuencias de las relaciones familiares por parte de un enfermo psíquico que como bien expresa no está loco sino que tiene un genio delirante ya que se ha hecho rico con los cuadros pintados evocados por imágenes de aquel periodo en el que ayudó a su madre.


Los miserables. Victor Hugo.


 

Sin palabras.

El Quijote.

Luego.

Los Miserables.

Estoy solo. Beyrouk.


 

Soliloquio de un periodista que se ve atrapado en una revuelta yihadista en un país africano.

Desde la habitación que le sirve como refugio observa lo que ocurre en las calles y evoca los por qué ha llegado esa nueva barbarie a la zona. Cómo es que amigos suyos han acabado abrazando la nueva religión, el fundamento escrito de la misma y cómo él mismo desde su atalaya informativa al servicio de los poderes anteriores contribuyó a la corrupción que ahora combaten quienes imponen el burka, prohíben el fútbol y el fumar.

Una visión, escrita desde el Sahara que ayuda a comprender el comportamiento humano al tiempo que pone en valor las letras de otros rincones geográficos desconocidos literariamente. 

Las visiones de Lucrecia. José María Merino.


 

Lucrecia es una adolescente que sueña. Sus sueños se los cuenta a su confesor y de la interpretación de los mismos nace una profeta que augura el desastre de la Armada Invencible. Se teje así su carrera meteórica hacia la fama hasta el punto de tener su propio amanuense encargado de escribir el significado de las visiones y de crearse en torno a ella una Congregación con visos a crear un  nuevo mundo. Hasta que Felipe II dice basta y todo el poder de la Santa Inquisición cae sobre ella y comienza su descenso entre cárceles y oficios con el sambenito como futuro.

Lo cierto es que más allá de lo novelable Lucrecia de León existió y sus profecías fueron objeto del Santo Oficio.