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El dragón, Rashomon y otros cuentos. Akutagawa Ryúnosuke.


La literatura japonesa para muchos lectores no va más allá de Murakami. Alabado por muchos, criticado por otros como escritor de calidad best-seller puede suponer la puerta de entrada a la popularidad occidental de otros autores de más calidad que Haruki. Es el caso de Akutagawa, cuyos cuentos tienen un encantamiento narrador propio de un cuenta cuentos, quien provoca el que la lectura te embeba y quedes magnetizado como un niño a quien oralmente le cuentan una historia.
Como algunos de los buenos escritores bien sea como en este caso por el hecho de ser nipón o por concurrir su vocación de escritor o por ambas dejó un texto que se incluye en estos cuentos titulado: "Los engranajes" en el que describe los problemas de visión que estaba teniendo y que vinieron a ser el reflejo de sus inseguridades, pesadillas e ideas de suicidio que dieron lugar a este final de texto: ¿Es que no habrá nadie que me haga el favor de estrangularme sigilosamente mientras duermo, hasta morir?

Sigilosamente, tras ingerir pastillas de veronal (primer barbitúrico comercializado) dejó de existir a los treinta y cinco años diciendo: Bonyaritoshita fuan, que significa "sombrío desasosiego".

Cuentos civilizados. Julio Ricci.


Vino en el lote de libros que he intercambiado con una amiga lectora. Desconocía a este autor uruguayo, cuyos cuentos recopilados en este libro fueron publicados en periódicos de tirada nacional en su país. Desgraciadamente los rotativos no están ya para este tipo de impresiones.

Los cuentos no son muy civilizados pues tienen algo de kafkianos al verse sus personajes transformados en el desarrollo de los mismos. Sin embargo, lo son en cuanto que es el modelo de civilización quien conduce a los protagonistas a desarrollarse en otros seres cuando se enfundan el traje de la jerarquía y se sienten obligados a aparentar ser superiores al escalar un escalafón en la empresa, o cuando para adquirir más bienes el burócrata compatibiliza su trabajo con el de carnicero o bien acaba desquiciado al ser sometido cada seis meses a una nueva distribución de su entorno laboral. 

HOMBRES BUENOS. Arturo Pérez-Reverte

 En el siglo de las Luces dos miembros de la Real Academia Española, don Hermógenes Molina, bibliotecario, más bien bajo de estatura y un poco grueso y don Pedro Zárate, almirante, alto  y flaco fueron comisionados por sus compañeros con la misión de viajar a París para adquirir una primera edición de la Enciclopédie de D´Alambert y Diderot en 28 tomos. Algo que en la actualidad sería muy sencillo se convierte en un asunto complicado debido a que dos miembros de la Real Academia: Manuel Higueruela y Justo Sánchez harán lo posible y lo imposible porque la Enciclopedia no llegue a la Real Academia. Los comisionados viajan a París en un coche de caballos de aquella época y se hospedan por el camino donde les cae la noche. Al llegar a París don Pedro  se bate en duelo, son atracados, compran la Enciclopedia, son detenidos y robados. La obra está basada en hechos y personajes reales. Está muy bien documentada; el escritor a veces va al lugar donde ocurrieron los hechos y cuando se le presenta un problema es como si escribiera en voz alta, diciendo lo que pasa y viendo la manera en que le puede dar solución. Describe con mucho realismo y minuciosidad la época, desgranando las dificultades que ha tenido que afrontar para recrear ambientes y rutas entre Madrid y París. Como resultado de todo ello, el lector se ve transportado, teniendo la sensación, de como si el tiempo hubiera retrocedido al siglo XVlll.
Había  leído al escritor, académico y cartagenero Arturo Pérez- Reverte en algunos escritos y es para considerarlo como valiente; muy valiente, sin importarle lo que le puedan hacer, porque se ha cuidado de que en realidad, no le pueden hacer nada.
Para lo que pretendo el libro es francamente bueno. Tiene gran número de ideas y frases que pueden ser muy aprovechables, otras no te quitan el sueño pero te dan que pensar. Con pocos personajes y considerable esfuerzo hace un libro interesante y entretenido, cuya lectura me dejó muy satisfecho.

Maus. Art Spiegelman.


Maus, aún siendo un cómic en el que los judíos están representados por ratones y los nazis por gatos, nada tiene que ver con la historia de un niño con pijama a rayas que deja un sabor de inocencia a un lado y otro de la alambrada. Esta es una historia real que a través de texto y viñetas enseña el confinamiento de los judíos polacos desde que son hechos visibles al portar el identificativo bien claro en sus abrigos, pasa por su reclusión en barrios de las ciudades de los que no pueden salir, para acabar escondidos en dobles fondos de carboneras, basureros y sótanos, hasta que eran deportados a campos de concentración como el de Auschwitz del que solo escapaban por la chimenea de los hornos crematorios al ser transformados en humo.

Lo cuenta un testigo que vivió como una rata, y lo hace sin acritud, sin rencor, sin añadir odio, solo lo cuenta, lo cual ya es más que suficiente. Lo narra a su hijo, el ilustrador y guionista del libro, mientras en la casa cuenta los clavos, las cerillas, aprovecha la bolsa del té, canjea la comida que no va a usar, en su doble condición de comerciante judío y judío que vivió al borde de la muerte y sabe el significado de esas medias raciones de pan que tuvo que esconder para poder canjearlas por alguna mejora que le ayudara a sobrevivir. 

Andamios. Mario Benedetti


Javier se presenta en Montevideo, Uruguay, hecho y derecho como un edificio, tras haber abandonado el país para evitar las torturas de los milicos en la cana por su protesta contra la instauración dictatorial en 1973 que se alargó hasta 1985. En Madrid deja mujer e hija. Capítulo a capítulo cual andamios va justificando su propia estructura como persona. La vuelta a las conversaciones con viejos militantes, la nueva coyuntura del país, la relación con la madre, con los hermanos que ahora viven en EEUU y lo tratan como brother y los nuevos amores van entrelazándose para dar lugar a un buen retrato de su doble exilio pues algo le han marcado los años vividos en España. Pero si de algo se siente exiliado Javier es de su hija.

Creo que es común, exista mar, tierra o un simple muro entre habitaciones ese exilio. Tan común que o se debe dar por entendido o más bien ha de ser tan doloroso, como lo pueda ser el político, que se evita con disimulo el comentarlo. Ese doble exilio padres hijos, hijos padres en el que los años se viven mascando un: si yo le hubiese hablado de… o rumiando un: por qué nunca me decidí a preguntarle cómo…mientras al fuego la cafetera pita con la salida de pequeños rencores a la espera de que una de las partes alimente con su humillación la soberbia de las llamas del otro, sin caer en la cuenta de lo gratificante que es sentarnos a degustar el café juntos hasta ese día en que sin solución no quede otro remedio que tomar el café solo, con la nostalgia de todos esos “síes” que quedaron sin solución, pues el otro se ha exiliado definitivamente.

Palabrotalogía. Virgilio Ortega.


Explicar la etimología de las palabras de forma amena no es fácil. El autor desarrolla su historia en Pompeya, antes de ser cubierta por las cenizas del Vesubio. Como él dice es una continua interrupción lingüística hasta el punto que parece un coitus interruptus (lo de coito se entiende, interruptus viene de inter, entre, y rumpere, romper, pues rompe y corta entre lo que se está haciendo.

Quien lo lea, además de refrescar el latín y comprender que sexualmente no hay nada nuevo bajo el sol, Pompeya lo tenía todo incluidas las inscripciones en la pared de sus habitantes, podrá pasearse por sus calles, cruzar los pasaderos que libran de las inmundicias tiradas desde las casas, contemplar el templo de Isis, que inspiraría a Mozart su Flauta mágica, admirar sus pinturas obscenas en las termas y lupanares, así como enriquecerse con el origen de más de mil palabras de esas que de pequeños buscamos en el diccionario.

El hombre que amaba a los perros. Leonardo Padura.


El de la foto es Liev Davídovich Bronstein. Le gustaban los perros. Sobre todo los borzoi, galgos descendientes de los árabes, usados en Rusia como cazadores de lobos y liebres, siendo perro de compañía apreciado por ser inteligente, orgulloso, leal e independiente. Cazaban en pareja, quizá, por eso, aparecen dos, aunque sean pastores alsacianos los que vemos en la portada, o quizá, por ello, su propietario, León Trotsky, los tuviera en Francia como añoranza de los suyos en su país y durante su destierro por Tuquía. Y, quizás también por ello tuviera dos, su asesino, Ramón Mercader mientras paseaba por Cuba los últimos años de su vida.
Porque de esto va la novela, de hombres que amaban a los perros y del escritor de la historia, veterinario intrusista, capador de cuerdas vocales de los cochinos criados en las casas cubanas para que sus chillidos no delataran a la familia criadora, que les une novelando sus vidas, de tal forma que aporta una visión histórica del descalabro utópico de la URSS convertida en un cementerio de más de veinte millones de proletarios a manos de Stalin; del descalabro del propio Ramón, lleno de ideales comunistas en la contienda civil española que le conducen al asesinato de una de las mayores amenazas para el sueño comunista y del propio escritor que tarda décadas en escribir la historia contada por el propio Mercader cuando paseaba los borzois por una playa caribeña mientras se desmorona la utopía cubana y su propia dignidad como cubano. En medio de todo, la figura de Trotsky, su visión de los acontecimientos, los avatares de exiliado, la pérdida de toda su familia entre esos millones de rusos desaparecidos y la de su propia vida en manos de un español que eligió un piolet, al que recortó su mango, para clavárselo en el cráneo, como símbolo de la hoz y el martillo al que traicionó.


Me ha gustado. Solo en ocasiones la Historia se come a la historia. La realidad de los datos se hace tan densa que enlentece la trama de la novela. Pienso que es lógico. Cuando se prepara una novela de este tipo, el proceso de investigación es tan necesario, que se aprende tanto, que luego ha de ser difícil despreciar algunos datos históricos que han de ser relevantes para el escritor pero que para el lector resultan prescindibles.

Persépolis. Marjane Satrapi



Persépolis, quizá porque empiece por “P”, me ha llevado a su relación con Periplo, Festival internacional de Literatura de Viajes y Aventuras a celebrar en nuestra ciudad en fechas venideras. Cuando pensamos en viajes y literatura aparece en mente Julio Verne ya sea camino a la luna, por las mundos submarinos o dando la vuelta al mundo; en postales, blogs y callejeros viajeros. Es posible que para otros, tratándose de lectura, el viaje sea un festival hacia la fantasía, y tras caer por el agujero de una madriguera inserto en cualquier renglón aparezcamos en un mundo de maravillas, como el de Alicia.
Pero hay otros viajes. Los que se desarrollan por obligación, aquellos que conducen al interior de cada cual al mismo tiempo que al exterior del país de nacimiento. Así, está el Viaje a El corazón de las tinieblas de Conrad o el de La familia Moskat, de Singer; el Viaje al fin de la noche de Céline o como el viaje de Una Dama africana, de Orsenna, en el que una abuela de Mali atraviesa el Sahara para llegar a Francia e intenta rescatar a su nieto de las mafias que trafican con futuros futbolistas.
El de Satrapi es uno de esos viajes. Pero en forma de cómic, lo que en un principio hace pensar en los periplos de Tintin, solo que en este caso es un cómic muy serio. Dibujado en blanco y negro, en nieve y petróleo, como su país, Irán, ella cuenta su experiencia y la de su territorio sometido a los intereses occidentales por el oro negro y a las revoluciones fundamentalistas como oposición a los malos hábitos del capitalismo. Es su viaje de niña a mujer, de Teherán a Viena y vuelta, de su adaptación a culturas distintas, de ser hija de una familia liberal a hija de un estado gobernado por barbudos donde ella como artista gráfica tiene que imaginar las curvas y las sombras del cuerpo humano debajo del chador.

Me lo recomendó Carlos Callejo. Para quien escribe, que en su día se quedó en el relámpago dejado por las lecturas de El Capitán Trueno, Persépolis viene a ser como la llegada de un refugiado al mundo de mis lecturas, que en un principio ves como una amenaza hasta que te autoconvences de que el conocimiento de otras culturas y lecturas, y su aceptación, rompe los miedos y estereotipos impregnados por propagandas conductistas y acaba por enriquecernos. 

EL ARTE DE LA GUERRA .Sun Tzu.


Sun Tzu fue un antiguo filósofo chino, general y estratega militar acreditado con la escritura de un pequeño libro sobre El arte de la guerra. Vivió en el siglo v antes de Cristo. Sus consejos siguen teniendo vigencia, parece muy  difícil de creer que, después de tanto tiempo transcurrido, ninguna de sus máximas haya quedado anticuada. Enseña la estrategia de aplicar con sabiduría y cordura el conocimiento de la naturaleza humana en los momentos críticos. 
Por su título pensé ¿De qué tratará este pequeño libro?  A mi entender es imposible relacionar la guerra con el arte. En la guerra de Sun Tzu no se dispara un solo tiro, tal es así que se permite escribir:
                                              Lo supremo en el arte de la guerra consiste                                                            
                                              en someter  al enemigo sin luchar.
Este pequeño tesoro es una  obra indispensable en la resolución de problemas entre las personas, entre naciones y en los negocios, pues da pautas de los comportamientos humanos. La escritura es inteligente y clara, su lectura es ágil. El librito no deja de sorprenderte o, como diría mi buena amiga Mª Rys el libro no te deja indiferente.


El Escarabajo. Manuel Mujica Lainez.


En la carátula se puede leer “novela”. A mí no me ha parecido tal. Novela, novela, más bien novelón, es Bomarzo. A El escarabajo le hace falta algo de trama, de intriga, de personajes que interactúen entre ellos. No deja de ser una serie de acontecimientos históricos contados por un escarabajo de lapislázuli egipcio que va pasando, engarzado como anillo, de un dedo a otro, de una época a otra. Inicia sus andares en la mano de Nefertari, junto a Ramses II, asiste al asesinato de de Julio César, estuvo en Roncesvalles y Avalón con Carlomagno y Roldán, convive con Dante Alighieri, comparte en la casa de la familia Polo su regreso del lejano oriente, dibuja con Miguel Ángel, incluso se cruza con el Duque de Orsini creador de los jardines de Bomarzo, para seguir describiendo sus andares junto a personalidades como: Diego Velázquez, Raimundo de Sangro, Sanit-Germain y Cagliostro y la actriz Sarah Bernhart representando Cleopatra.

Ello no desmerece que deba ser leída. Sobre todo por aquellos quienes gusten del relato histórico pues el repaso que hace de distintos pasajes de lo sucedido enriquece mucho más allá de lo leído en una efeméride o aprendido a través de un libro sobre la materia. También vale la pena por el castellano que despliega este autor, su dominio de los personajes, la ambientación de cada época, los recursos gemológicos, las notas de humor, los matices de un color mediante el uso de vocablos que hacen infinita la dimensión de este idioma así como su capacidad de estudio en una época en la que Google no estaba a tiro tecla, lo que hace a la vez pensar en lo reducido que ha quedado tal diversidad de vocabulario cuando hacemos uso del wassap.