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Huasipungo. Jorge Icaza



Huasipungo es donde tiene la casita, donde cultiva, donde corretean las gallinas; es ese trocito de terreno que otorga el dueño de la hacienda a la familia india por parte de su trabajo diario; es todo su mundo. Pero viene el latifundista con necesidad de acercar el progreso siguiendo los intereses ordenados desde Quito, la capital; de hacer un carretero que haga fácil el espolio de la madera y que sirva para llegar hasta el petróleo que aseguran los gringos que existe. Y apoyado en el teniente político y en el cura y amparándose en el látigo del cholo, mestizo de blanco e indio, la obra se abre camino en las primeras décadas del siglo pasado entre abusos y violencia hasta que la crecida del río, provocada por la negligencia autoritaria ante la necesidad de su limpieza colinas arriba, acaba con los huasipungos, los cultivos, las gallinas y los guaguas (niños pequeños) que por allí correteaban mientras las mujeres se encargaban del maíz y los hombres desbrozaban el monte.
Una historia que se repite y que gracias a Icaza se convierte en memoria escrita que ayuda a entender el por qué de aquellos barros vienen estos lodos y de aquellos huasipungos estas revoluciones.

Bestiario. Juan José Arreola



Lo vi inserto entre otros en una de las estanterías dedicadas a literatura latinoamericana. Había leído previamente Confabulario. Si es de Arreola... me dije. ¡Cómo evitar al menos ver la portada! Con el dedo índice lo fui inclinado. ¿Un oso pedaleando en bicicleta? ¡Cómo evitar tenerlo entre las manos para comprobar tal equilibrio! Bestiario, Cantos del mal dolor, Prosodias y Aproximaciones. El último bloque parece poesía escrita y algo lioso, metafísico. El resto, lo abras por donde lo abras, leas cualquier relato corto que elija la suerte, logra tal equilibrio entre todo lo que expresa con tan pocas frases que como su apellido, riza el rizo, y convierte un espacio circular abierto en una “areola literaria” llena de terminaciones nerviosas que estimulan la fantasía.
Y es que Juan José con un papel y un lápiz entre las manos sabe lo que hace.

Nadie encendía las lámparas. Filisberto Hernández



Los relatos de Filisberto forman parte de la nebulosa de la que partieron los cometas. Ese fondo de materia en expansión donde tuvo lugar la formación de esas enormes bolas cuyas colas iluminadas dejan un rastro indeleble en las generaciones que los leemos en el cielo literario. Esos enormes trazos en el firmamento llamados García Márquez, Vargas Llosa, Cortazar y tantos otros. Seguir el rastro hasta conocer dónde confluyó tanta brillantez hace necesario el indagar en las colas que van dejando tras sus entrevistas, sus prólogos, sus discursos ante los grandes premios. Es ahí donde aparece el origen de sus big bang literarios y donde aparecen nombres como el de Filisberto, aportado por estos fenómenos estelares, como explicación a sus Macondos, sus Cachorros y Rayuelas.
Filisberto era uruguayo. Curiosamente, si a él le siguiéramos su cola en busca de sus orígenes comprobaríamos cómo su nebulosa fue posible gracias a su abuela de Gran Canaria y a su padre Prudencio Hernández, de Tenerife.

Una pantera en el sótano. Amos Oz



Apenas llega a las 233 páginas. ¡Qué pena!
Leer las aventuras del niño judío Profi, durante la ocupación británica en 1947 de Palestina antes de ser creado el estado de Israel, viene a ser como la tentación por coger aquel bote de leche condensada guardado celosamente en la alacena. La tentación de solo dar una chupada en uno de aquellos dos agujeros negros sobre el disco metálico, de sentir la boca empalagada, llena de dulzor; de notar su menor peso al volverlo a colocar en el mismo lugar, con el dibujo de la lechera mirando al frente, tal cual lo dejaba tu madre. Así es la lectura de esta pequeña obra de arte de Amos Oz.
Solo una chupada, solo un capítulo, te dices. Deja algo para mañana, y cuando te vienes a dar cuenta el bote está vacío, con esa sensación de traición que le inculcan sus amigos a Profi por aceptar el intercambio de clases de hebreo e inglés con un sargento de la policía británica; relación que él ha aceptado pensando en sacarle informacón al “enemigo”. Y aún a sabiendas que por desgracia el libro se acaba, continuas leyendo, chupando capítulos, con la misma emoción en las entrañas de saberte, inevitablemente, descubierto por tu madre, oyendo la reprimenda tras la que era capaz de esconder su sonrisa.

Victus. Albert Sánchez Piñol



Para los amantes de la novela histórica Victus se presenta como una oportunidad amena, en ocasiones divertida, de conocer el relato de la caída de Barcelona en septiembre de 1714 a través de la opinión de uno de sus protagonistas. Zubi Piernaslargas, ingeniero al servicio de la defensa y ataque de ciudades amuralladas, relata en primera línea los acontecimientos políticos desencadenados desde la muerte de Carlos II El Hechizado en 1700 para establecer en el trono a Felipe V o a Carlos III (borbones y habsburgos) junto con los movimientos de tropas de toda Europa por la península hasta terminar en el asedio de la ciudad catalana. Una forma entretenida de conocer las estrategias de guerra de aquella época y la idiosincrasia de los catalanes.

Los pasos perdidos. Alejo Carpentier


Leer esta obra de Alejo Carpentier me ha llevado a perderme ,desde luego, siguiendo esos pasos.
       Después de la lectura de muchas de sus páginas y coincidiendo la misma con los días de temporal que hemos sufrido recientemente, ya no sabía si volverme sobre mis pasos , detenerlos o...seguir caminando hasta donde esta lectura me llevara, tal era la desazón, curiosidad, aturdimiento que tenía.....Hubo un momento que sentí que era "demasiada literatura " para mí. "alta literatura", y que no estaban mis oídos  preparados para la musicalidad de esa prosa que va y vuelve haciendo filigranas mágicas de tal suerte que pierdes totalmente la trama ¿de qué habla? ¿dónde estoy?...

Un pensamiento, finalmente, arroja luz a mis cavilaciones: es igual donde esté, perdida ya del todo, disfruto sólo del paisaje de la exquisita prosa de Carpentier. "Éramos seres ínfimos, mudos, de caras yertas, en un páramo donde sólo subsistía la presencia foliácea de un cacto de fieltro gris, agarrado como un liquen, como una flor de hulla, al suelo ya sin tierra " (pág 81 )

¿Éramos ? ¿Quiénes eramos ? ya me daba igual, no pudiendo atender a la forma y al fondo, decidí seguir disfrutando de esa fiesta del verbo....porque...

"De pronto bulle el agua y un cardumen de peces que saltan, chocan, se atropellan, pasa por encima de nuestra barca, erizando la corriente de aletas plomizas y olas que se abofetean con ruido de aplausos " (pág 269).  La selva, en plena selva....estoy en la selva....... y..."Cuando recupero el aliento perdido me miro en el espejo ennegrecido por horruras de mosca que está en el fondo de la sala y veo un cuerpo, ahí, sentado junto a la mesa, que está como vacío. No estoy seguro de que se movería y echaría a andar si yo se lo ordenara. Pero el ser que gime en mí, lacerado, desollado, cubierto de sal, acaba por subirse a mi gaznate en carne viva, e intenta una protesta balbuciente..." (pág 277) 

Merce

Las joyas del Paraíso. Donna Leon

En "Las joyas del Paraiso", Caterina Pellegrini, experta en ópera del Barroco, rastrea la existencia de una valiosa herencia en unos documentos hallados por los descendientes de un genial compositor vinculado a la Iglesia católica. Caterina se adentra en la Venecia de finales del siglo XVII, investigando, sin proponérselo, la supuesta implicación del músico en el crimen más famoso de la época. En Las joyas del Paraíso, Donna Leon reúne sus tres grandes pasiones: la novela negra, la ciudad de Venecia y la música barroca. Una novela entretenida, pero que se queda en eso.

EL SIGLO DE LAS LUCES.Alejo Carpentier.


Trata de Víctor Huges, marsellés y exportador de la Revolución Francesa a las Antillas. Sorprende el hecho de que se trae de la metrópoli una guillotina, para impartir justicia. El Decreto de Abolición de la Esclavitud es burlado mediante un pliego de instrucciones escritas por el propio Víctor Huges de la siguiente manera: << Francia en virtud de sus principios democráticos, no puede ejercer la trata. Pero los capitanes de navíos corsarios pueden vender en puertos holandeses los esclavos que hayan sido tomados a los enemigos de la República >>.
El libro se me hacía pesado. Una mañana me levanté y aunque había llegado hasta la pág.248, decidí abandonar la lectura que me resultaba imposible, puesto que no me aportaba nada, teniendo la sensación de estar inmerso en un tremendo laberinto y sentir que era incapaz de encontrar la salida.