Cada país tiene sus estereotipos y cada continente también.
Tanto la foto de la portada como el título “Ebano” conducen inevitablemente a África.
Extensiones de selva, de sabana y de arena en cuanto al paisaje; riqueza
zoológica y botánica en cuanto a los seres vivos y pobreza, hambre, colorido y sublevaciones
militares en cuanto a lo humano. De todo esto hablan las crónicas de Kapuscinski. Pero lo hacen desde la óptica de un periodista polaco que recorre el continente viviendo
la independencia de los nuevos países creados con escuadra y cartabón (más de
mil grupos embutidos en unos 53 países). Un enfoque distinto sobre el por qué
de la risa de los negros a pesar de sus dificultades, de su visión del tiempo,
de la importancia de sus antepasados y cómo la irrupción del hombre blanco lo
trastocó todo provocando la gestación de dictadores y conflictos que nos han
vendido como problemas intertribales.
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Todo lo que tengo lo llevo conmigo. Herta Müller
Hay libros que cuando te cuentan de qué van no suelen gustar
de leer pues bastante mal se están poniendo las cosas como para que la lectura
nos amargue el rato de placer que dedicamos a ella. ¡Qué necesidad de andar
metidos en un tren camino a Rusia desde Rumanía cuando las puertas del vagón de
ganado no se abren en días y para alimentar a los que van dentro le lanzan una
cabra cadavérica! ¡Qué obliga a seguir leyendo sobre el valor de una cucharada
de sal, de un calcetín de lana, de una tapa para cubrir el caldero y así no ver
lo que dentro se cocina! ¡Y qué tristeza cuando tras cinco años en
concentración los recuerdos han quedado tan sedimentados que incluso en libertad
se sigue viviendo en el campo! Sin embargo, a pesar de la dureza de lo
relatado, del continuo vuelo del angel del hambre, se sigue leyendo, no solo
por decoro hacia aquellos alemanes expatriados al igual que los judíos por el
mero hecho de “pertenecer a” sino por los brotes de vida a los que ellos se
agarraron para seguir, como lo hace el lector al libro, saboreando esos
pequeños regalos primaverales que ofrece la escritora, iluminándolo hacia lo
realmente útil, aquello que transportamos debajo de nuestra piel, lo que viene
a ser todo lo que llevamos con nosotros, lo único que poseemos, todo lo que realmente nos
pertenece.
Mientras agonizo. William Faulkner
Desarrollar la historia de una familia a partir del
transporte de la madre dentro de un
ataúd, hasta su pueblo natal encima de una carreta, para ser enterrada, puede hacer volar la imaginación del lector cuando
tiene el libro en la mano. Si al acabar
su lectura coincide con lo leído bueno es que se siente a solazarse de si mismo
ya que no es fácil solaparse con la genialidad del escritor. El sonido de la
madera mientras es construida la caja, oído por la agonizante desde la cama; las
peripecias durante nueve días para llegar al pueblo, con todos los miembros de
la familia en la carreta, siendo rechazados por el olor que desprende y
observados por los buitres desde lo, alto forman el armazón usado por Faulkner
para desentrañar la podredumbre de la naturaleza humana.
Matar a un risueñor. Harper Lee
1935. Alabama. Estado algodonero y esclavista. Un abogado
defiende a un negro acusado de posible violación a una mujer blanca. A partir
de este encuadre es sencillo imaginar los problemas en torno a la posición del
abogado defensor, la de su familia, el pueblo y de cómo pueden ir oscilando los
acontecimientos alrededor del caso. Se hace todo tan sencillo que la lectura
fluye sin darnos cuenta que de pronto estamos metidos en el pueblo de Maycomb,
sus calles, sus distintas comunidades religiosas, su comunidad negra, la cárcel
y el tribunal. Lo complica todo, y de forma maravillosa, Jean Louise, quien
toma las riendas de la narración y con su inocente voz aporta la sinceridad y sencillez
de una niña que llevar al lector a entender una época dictatorial estructurada
en función del color de la piel.
EL SUEÑO DEL CELTA. Mario Vargas Llosa.
Roger
Casement, diplomático británico de origen irlandés, denunció la esclavitud por
parte de las compañías caucheras sobre las tribus africanas y los indígenas del
Amazonía y abanderó la lucha por los derechos humanos. Fue uno de los grandes
luchadores anticolonialista de su tiempo y un sacrificado combatiente por la
emancipación de Irlanda. La valentía del protagonista lo lleva a enfrentarse al
poder de la época, pero la sinuosa campaña de la inteligencia británica para
desprestigiarlo utilizando fragmentos de sus diarios secretos tuvo su éxito y
una aureola sombría de homosexualismo y pedofilia acompaño su imagen a lo largo
de todo el siglo XX.
En el
epílogo el autor opina que Casement escribió los diarios pero no los vivió, no al
menos en su totalidad. Nunca se sabrá. En el capítulo de agradecimientos
menciona a personas que le ayudaron en sus viajes por el Congo y la Amazonía y,
en un buen número de países. Me interesa resaltar que el SUEÑO DEL CELTA no
salió con el autor sentado en un cómodo escritorio.
Estupendo
libro, ameno y reflexivo, la lectura, ante el tremendo sufrimiento de aquellos
pobres seres humanos, sin distinción de edad, no te deja dormir tranquilo. A
medida que avanzas, te queda un muy mal sabor de boca. La descripción de los
horrores que se vivían en aquellas tierras, te remueven las entrañas.
El insólito peregrinaje de Harold Fry. Rachel Joyce
Una mañana cualquiera, mientras su mujer pasa el aspirador en el piso de arriba, Harold Fry sale de casa para echar una carta al buzón. Recién jubilado, Harold está lejos de imaginar que acaba de iniciar un viaje a pie de un extremo a otro del país. No lleva calzado ni ropa adecuada, ni siquiera un teléfono móvil, y mucho menos un mapa o una brújula. Así comienza un largo peregrinaje que dará un vuelco total a su existencia.
El insólito peregrinaje de Harold Fry es una novela inteligente y admirablemente construida, con un desenlace inolvidable.
La náusea. Jean-Paul Sartre
«Este gusto a queso en
la boca… Entonces, ¿Esto, esta cegadora evidencia es La Náusea? Eso es todo.
Pero me da lo mismo. Es extraño que todo me dé le lo mismo: me espanta. Desde
el famoso día en que quise jugar a las cabrillas. Iba a arrojar aquel guijarro,
lo miré y entonces empezó todo: sentí que el guijarro existía. Y después de
esto hubo otras Náuseas; de vez en cuando los objetos se ponen a existir en la
mano»
Así es la lectura de este libro. Un regusto en la boca por
dejarlo a un lado junto a una catarsis nauseabunda que obliga a seguir su
existencia.
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