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Don Segundo Sombra. Ricardo Güiraldes.


 

Güiraldes relata la vida del gaucho, siempre errante y a lomos de su caballo. Lo hace tal y como habla, con sus: ansinas, güeno, ajuera; de tal forma que en ocasiones pareciera leerse al modo antiguo canario.

No habrá sido vida fácil la del gaucho a tenor de las vicisitudes vividas por el protagonista que ya en la pubertad abandona a sus tías para encontrar en Don Segundo su mentor y protector. Aparecen así todo tipo de suertes propias de la vida del resero que conforme avanza en su narración se vuelve algo tedioso como lo ha de ser el cabalgar por tan inmensas planicies.


Meditaciones. Marco Aurelio.


 

Es uno de esos libros para leer a ratitos. Nunca se pierde el hilo de tanta filosofía encerrada en sus cortas impresiones. No le habrá sido fácil a Marco Aurelio ser a su vez emperador y tener tiempo libre para el estudio y la anotación de los acontecimientos acaecidos en su época y dejar por escrito sus pensamientos cargados de contenido espiritual y filosófico.


Breves amores eternos. Pedro Mairal.


 


Cada uno de los cuentos es auténtica caja de sorpresas, y descubrimos el universo del autor que mejor refleja cómo los hombres afrontan con mejor o peor suerte sus relaciones sentimentales. Historias en las que el hombre tropieza sistemáticamente con los mismos errores que lo ponen en evidencia y delatan su limitada capacidad delante de las mujeres, que tienen mejores recursos emocionales. Mairal tiene una particular mirada: incisiva, tierna, pero también divertida y perturbadora a veces, que provoca en el lector absoluta admiración. Ingeniosos y absorbentes, estos cuentos confirman a Pedro Mairal como uno de los escritores en lengua española más talentosos de este tiempo.


Entre tierra y mar. Joseph Conrad.


 

Tres relatos largos a cargo de uno de los escritores que mejor ha descrito el mar y la vida del marino a bordo así como los útiles, velámenes y aparejos de los barcos de la época.

En esta ocasión Conrad aprovecha sus conocimientos marineros para describir situaciones entrelazadas con vivencias amorosas.


Sin trama y sin final. Antón P. Chéjov


 

Consejos de ayer para escritores de hoy. No dejan indiferente por su actualidad tras ser escritos por uno de los padres del cuento y de la literatura rusa.

El viaje de los cuerpos celestes. Javier González.


 

A finales del siglo XVI el piso de una huerta cerca de Roma se desploma y por él se puede acceder a unas catacumbas cristianas. Ante el avance de luteranos y calvinos los restos encontrados en la misma serán usados para crear la mayor campaña católica de la época. Sus esqueletos serán llevados por Suiza y Alemania como reliquias santificadas con propiedades milagrosas.


Piedra, papel, tijera. Maxim Ósipov.


 

Un buen retrato a base de relatos de la Rusia post comunista. Los problemas de la vida diaria vistos por un cardiólogo y a la vez escritor disidente en cuanto a pensamiento de lo vivido y de lo que está ocurriendo en las nuevas formas de corrupción y violencia cotidiana escritos con humor, ternura y la promesa de redención.                                                                                            


Yagudin. Philippe Ségur.


 

Yagudin es un misterioso personaje afincado en Noruega que un padre inventa para contar a sus hijas sus tenebrosas peripecias antes de que se duerman. Al tiempo el narrador quiere escribirlas pero se encuentra con el síndrome de la página en blanco. El padre, profesor de universidad, acabará envuelto en su propia historia con un desenlace propio del suspense psicológico.


Breve atlas sobre los faros del fin del mundo. Gonzalezmacías.


 

Lectura refrescante (mar) e iluminadora (faro) y breve (34 de los casi 30000) que existen repartidos por la geografía mundial. Pero cada uno de ellos con su historia particular. El que fue llevado por piezas después de alumbrar en tierra, el que ha sido trasladado de lugar unos metros tierra adentro para que una duna no lo engullera, los que tienen su propia leyenda negra, los imposibles de que continúen en pie con el oleaje que los abate, el que cuyo farero era ciego, el que sirvió de prisión, como muchos de ellos, como ejemplo más actual el que en Sudáfrica sirvió para retener a Nelson Mandela.


Un caso acabado. Graham Greene.


 

Un arquitecto de fama huye de sí mismo al Congo. Desembarca en el lugar más alejado y último al que puede llegar el vapor que por el río lo traslada. Allí se instala entre una comunidad de monjes, monjas y un una leprosería llevada por un médico. Elementos suficientes para que Greene despliegue las vicisitudes del ser humano. Interesantes duelos entre ateísmo y fe junto a la imposibilidad de escapar de una fama que persigue al protagonista hasta el fin de sus días envuelto todo por unas soberbias descripciones de la selva africana.