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Ágata ojo de gato. José Manuel Caballero Bonal.


 

Crea Caballero Bonal su propio espacio geográfico que no es otro que Doñana al que llama Argónida. Entre caños de agua, arena y cañaverales teje con el viento típico de la zona una historia sobre el aislamiento y la dureza de vivir de lo que aporta la marisma hasta que aparece un tesoro que lo cambia todo.

El uso de la palabra justa, certera y rica demuestra un gran conocimiento del vocabulario no solo local sino del español por parte del autor. Por otra parte la creación envuelve al lector entre linces, flamencos, zorros y otros animales del Coto, hoy Parque Nacional, para producir en el lector una experiencia distinta a la provocada por otros autores.


Poética. Aristóteles.


 

Aristóteles fue el primer gran taxonomista. Intentó clasificarlo todo. En Poética trata sobre los géneros literarios. No es fácil de entender sin las notas a pie de página ya que son pequeños fragmentos recopilados que él usaba para sus enseñanzas con sus alumnos, los peripatéticos por aquello de ir caminando y filosofando. Se cree que a sus opiniones sobre el sentido de la fábula tanto en la epopeya como la tragedia dejó también escrito un tratado sobre la comedia. Este texto no encontrado da pie a Umberto Eco para escribir El Nombre de la Rosa en el que supuestamente los monjes guardan tan preciado secreto para evitar los efectos nefastos de la risa en contraposición con el miedo usado por la iglesia en el medievo.


Las edades de Lulú. Almudena Grandes.


 

Lulú, retrato de la sociedad madrileña de los ochenta tiene como hilo conductor la evolución de una niña a mujer a través de sus experiencias sexuales. El sexo como droga y la insaciabilidad ante el mismo la llevan a adentrarse en experiencias que la van degradando como persona sin que ello le impida seguir creyendo en el amor.

De mucho éxito cuando vio la luz en una nación que tras la transición se saturó de películas y revistas porno su lectura en la actualidad no tiene ese halo transgresor con el que fue acogida, lo que no resta validez como testimonio de una época y del difícil regreso a la normalidad de aquellas actividades que creemos controlar pero que nos acaban controlando.

Imágenes de Canarias. 1764-1927. Historia y Ciencia. Masu Rodríguez Hernández.


 

Bonitas fotos, bonito repaso por la historia de las islas junto a bonitos textos. Son imágenes del saber de esos siglos a través del cielo, los mapas, los volcanes, las plantas, los animales, las antigüedades, el paisaje rural y urbano, la ruta del Teide y los trabajos de investigación.


Mapocho. Nora Fernández


 

Mapocho es el río que atraviesa Santiago de Chile. Allí llega La Rucia, solícita a la llamada de su hermano, El Indio, para arrojar las cenizas de su madre. El río vertebra un espacio tiempo donde el ciclo de la vida transcurre como el del agua. Sus aguas sucias hablan de episodios pasados en el país, desde la fundación por el extremeño Pedro de Valdivia hasta la matanza en estadios de fútbol por parte de los milicos, junto a la desaparición del padre cuando ellos eran niños y los tanteos incestuosos de su hermano. Mapocho tiene un aire a Pedro Páramo donde la autora recrea un universo tan real como la historia del discurrir de su país.


GENTE DE AQUÍ. Quan Zhou Wu


 

Escrito por una china-andaluza o una andaluza-china, a ella tanto le da, hasta el punto de que ha escrito dos libros en uno, pues por una carátula habla de Gente de aquí y por la otra de Gente de allí, Quan Zhou desmonta los estereotipos en torno a los migrantes y el racismo, así como sobre el concepto de sentirse español. Una forma gráfica que da qué pensar.


Recuerdos de Tenerife. Elizabeth Murray.


 

Murray es mujer de mucho recorrido. Acompaña a su marido, de profesión embajador, allá por donde le destinen. Escribe sus vivencias en la isla con cierta altanería inglesa pero al ser pintora describe muy bien cromáticamente. Se fija en todo aquello que a cualquier inglés de la época le llamaba la atención, como la situación de la mujer, las vivencias en torno a lo religioso y las banderas de Nelson.


El hereje. Miguel Delibes.


 

A mediados del siglo XVI, Cipriano Salcedo viaja a España desde Alemania.  En su valija lleva un tesoro. Un tesoro por el cual puede acabar en la hoguera. Se trata de libros, libros proscritos de autores europeos seguidores de Erasmo, Lutero, Calvino. Al llegar a la península le espera su mayordomo para acompañarle en su viaje a Valladolid, capital del reino por aquellas fechas.

Comienza así El hereje para posteriormente hacer el recorrido de Cipriano desde su nacimiento a su muerte con el sambenito camino de la hoguera.

La historia novelada es posible que no supere a la que realmente fue pero en la pluma de Delibes seguro que ocurrió tal cual.


La guerra de los pobres. Éric Vuillard.


 

Libro que se lee en un pispás. Deja un buen sabor de boca por las frases que se insertan en la historia real de Thomas Müntzer. Thomas, influido por la reforma iniciada por Erasmo, Lutero y otros comienza a impartir misa en alemán. Tanto príncipes como el mismo papa montan en cólera. No puede ser que el pueblo llano entienda algo que hasta ahora le ha sido vedado pues no conoce el latín. Pero Müntzer va más lejos y pone en pie de guerra a tejedores y mineros contra el poder establecido, pues si su doctrina predica que no hay más intermediario entre el hombre y Dios que el propio hombre poco sentido tiene someterse a los dictámenes de jefes civiles y eclesiásticos. Thomas y su actividad son un ejemplo de los cambios sociales ocurridos a partir de 1500 ante la posibilidad de editar la Biblia y hacerla entender sin el monopolio de la Iglesia. 


Cuaderno Rojo de la Guerra de España. Mary Low y Juan Brea.



 A raíz del golpe militar de 1936 el afán de continuar el espíritu revolucionario facilita la llegada de jóvenes a España para cubrir la información y para formar parte de las Brigadas y de las Milicias Internacionales.

Se reúnen en este volumen diarios de dos jóvenes llegados a Barcelona los primeros días del Alzamiento. Cuentan en ellos el espíritu revolucionario que reinaba, el considerarse todos camaradas y la facilidad de acceso a los mandos y al frente de Aragón sin saber cómo funciona un máuser, para formar parte de un ejército falto de entendimiento. Más tarde viajan a Madrid y comienzan a valorar que lo primero no es continuar con la revolución sino ganar la guerra civil.

En sus seis meses de estancia, hasta que cruzan los Pirineos, han de digerir el que todo se va burocratizando, el espíritu se trastoca, los pactos entre los partidos para dar forma a la Generalitat empantanan todo aquel bullicio inicial en el que con solo llevar un pañuelo o el uniforme eras bienvenido para dar lugar a desfiles de batallones organizados.