Temporada de huracanes es
un ejercicio audaz de escritura pero al mismo tiempo de lectura. Como un
huracán propio de esas personas que empatan en una conversación un tema con el
otro se va deshilvanando el porqué de la aparición de un cuerpo brutalmente
asesinado. Sus pocos capítulos pero extensos hacen difícil dejar de leer, pues
el hilo de lo escrito parece no se recordará al volver a tomar la lectura. El
uso común de vocabulario argentino juvenil de a pie de calle, propio de quien
anda con mariguana, coca y en el mundo del sexo es perfectamente entendible
desde el contexto de la lectura y aunque en ocasiones muy repetitivo lo de
chingar, la chingada y su enorme cantidad de significados (muy parecidos a los
no jodas y a los joder nuestros) no estorba para llegar hasta un final que
resume todo lo leído como si de una crónica periodística se tratara.
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Temporada de huracanes. Fernanda Melchor.
Hermanos del alma. David Diop.
Un soldado ugandés en la
primera guerra mundial lucha contra los alemanes desde el bando francés.
Adquiere una forma peculiar de ejecutar su venganza por la muerte de su mejor
compañero. A la voz de “ataque” sale de su trinchera con el resto de
compañeros. Pero él regresa por la noche, solo, con la mano de un alemán como
trofeo. Las primeras cuatro manos le suponen un reconocimiento pero las
siguientes cuatro producen un efecto contrario en sus compañeros.
Da esto lugar a una
introspección del protagonista hasta su pueblo, su historia familiar y su
primer amor que va relatando al psiquiatra del ejército más allá de la
retaguardia.
Duelo en el paraíso. Juan Goytisolo.
El Paraíso es una hacienda
situada en Cataluña. La acción trascurre a finales de la guerra civil cuando el
frente obliga a la huida hacia Francia. Los niños de la escuela se amotinan, se
hacen independientes, imitan a los adultos y acaban por asesinar a un compañero
que ha llegado a casa de su tía al perder a sus padres en el bombardeo de
Barcelona.
Publicada en 1955 supuso
una ruptura con la novela adscrita al régimen así como una ruptura con los
planteamientos clásicos de lo que por ese entonces se entendía como novela.
No es de extrañar que
Goytisolo se autoexiliase por aquellas fechas. Es de entender que necesitase
otra atmósfera para desplegar sus alas como escritor y persona.
El bello verano. Cesare Pavese.
El Bello Verano debió
transcurrir para Pavese en 1939 cuando escribió esta novela. Diez años después
sería publicada. Versa sobre el cómo sobrellevar el vivir sin esperanza por
parte de unas mujeres con diferentes edades pero con el único propósito de
salir adelante al tiempo que se abren al mundo en un ambiente de artistas
pintores para los cuales deciden posar.
Relatos. Stendhal.
Si bien Rojo y Negro y La
Cartuja de Parma es lo más conocido de Stendhal en sus relatos se puede
observar su oficio de escritor. Con frases cortas (tras riguroso estudio de los
Boletines de Leyes) cautiva al lector con historias del siglo XVI y otras del
siglo XVIII donde el amor crece al tiempo que rompe matrimonios en
rocambolescas situaciones que a pesar de o diferir de las actuales sí que se
vivieron con pasiones y soluciones bien distintas.
La Tribuna. Emilia pardo Bazán.
La Tribuna es Amparo, hija
de vendedor de barquillas que confecciona en casa y de madre paralítica. Ayuda
al padre en la confección y venta de tan dulce manjar hasta que decide mejorar.
Para ello accede a la fábrica de cigarrillos gracias a una recomendación de
gente de bien que la conoce por su belleza. Pronto entra en conflicto socio
laboral y de amores convirtiéndose en fiel defensora de los derechos laborales
y de la mujer ante la llegada de la Primera República.
No es de extrañar que doña
Emilia Pardo Bazán esté en alza no solo como escritora sino como adelantada a
su tiempo.
El turismo en la historia del Puerto de la Cruz. Nicolás Lemus. Melecio Hernández.
Excelente recorrido por la
ciudad de Puerto de la Cruz a través del turismo. Desde aquellas primeras casa
de salud y los primeros estudios sobre la climatología y su influencia en el
devenir de la enfermedad (sobre todo la tuberculosis), pasando por los estudios
de diferentes médicos ingleses, alemanes y franceses empeñados en determinar si
Madeira ofrecía ventajas o no con respecto a Canarias o si Puerto de la Cruz
era mejor que Las Palmas de Gran Canaria. Posteriormente la creación del primer
Hotel Sanatorium (Martianez), El Taoro y así hasta el boom de la década de los
sesenta junto con los turistas ilustres.
Lazarillo de Tormes. Anónimo.
Sin resolver aún dónde se
encuentra el original, sin saber aún quién fue su autor (¿el jerónimo fray Juan
de Ortega?), de ahí lo de Anónimo y a sabiendas de que hay pasajes y anécdotas
que recuerdan al Asno de oro de Lucio Apuleyo lo que sí es cierto es que más
allá de las pícaras aventuras de Lazarillo todos convergen en que con este
libro se inicia la novela moderna, por lo que vale la pena y seguirá valiendo
en el futuro leerla.
Cuentos de un loco soñador. Luis Espinosa.
Tiene don Luis Espinosa la
capacidad de crear su propio mundo donde desarrollar sus sueños. Así crea su
Mágica Falca donde tienen lugar sus fantasías. Pero también tiene cuentos para
sus nietos, para María (MIIA), para Claudia y para tantos otros que desfilan
por tan entretenidos pasajes donde hallar el Puerto, su casa, su consulta y
todas aquellas vivencias a las que no les falta su punto de humor, filosofía y
socarronería.
Harraga. Antonio Lozano.
Harraga, que en marroquí
significa “los que queman” en relación con quienes cruzan el Estrecho de
Gibraltar y queman los pasaportes para no ser identificados, se mueve entre
Tánger y Tarifa, entre condones llenos de aceite de hachís hacia el norte y
maletas con cocaína y éxtasis hacia el sur. En medio la historia de quienes se
dedican a su tráfico como medio de alcanzar el dorado y la tragedia de sus
familias y amigos.








